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La guerra inédita Por: Diego Díaz Si-nehLunes, 3 de Febrero de 2020 01:07 a.m.

1917, dirigida por Sam Mendes con fotografía del reconocido Roger Deakins, mismos responsables de la aclamada  Skyfall.

Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) son soldados de bajo rango que se encuentran en medio de la guerra de trincheras. El general decide asignarle a Blake una importante misión, llevar el mensaje de que más de 1,000 hombres, al otro lado de las trincheras, estan avanzando hacia una trampa. Esto solo se pone peor cuando le explican a Blake que su hermano mayor es parte de esas tropas que podrían ser masacradas. Ahora los dos compañeros se encuentran en una carrera contra el tiempo para llevar el mensaje y detener el ataque.

Esta película es todo un logro cinemático en aspectos técnicos. De hecho, es el punto que más se ha anunciado para venderla. Está hecha para aparentar que todo fue grabado en una sola toma. Definitivamente no es el caso, pero, a pesar de que hubo bastantes, la gran mayoría de los cortes son casi imperceptibles.

Esto no es algo nuevo, ya hemos visto hazañas similares, como en el film de Hitchcock,  Rope (1948), o  Birdman (2014), pero no a esta escala. Lo más interesante es la justificación para que sea presentada de este modo, ya que aumenta la tensión y nos ayuda a sentir que estamos ahí, en el peligro, con los personajes.

El equipo de producción se tuvo que poner muy creativo para ciertas tomas. Como la popular escena en la que vemos al soldado corriendo entre cientos de otros que van al ataque. En el que tuvieron que usar una cámara que se montara y desmontara fácilmente para llevarla de un carro grúa a otro sin ser obvio.

Todo estuvo bellamente coreografiado para reducir los cortes. Pero aún así hubo ciertos imprevistos que quedaron incluidos y que, de cierta forma, mejoran la experiencia. Como la toma en la que vemos al actor George MacKay chocar con un par de extras solo para levantarse y seguir corriendo. Eso no estuvo planeado, pero siguieron con la toma y se ve bastante natural (porque lo fue).

La iluminación también fue un gran reto para el equipo. La mayor parte de las escenas se grabaron con luz natural, pero hubo algunas que se iluminaron por completo con bengalas, lo cual fue riesgoso porque, si estás caían en cierta dirección, podían proyectar una sombra de todo lo que estaba detrás de la cámara.

Tristemente la historia en sí no es nada innovador. Sí presenta ciertas ideas y cuestiones morales: vemos a Schofield rechazando la importancia simbólica de las medallas y cuestionándose porque está haciendo todo este viaje. Pero nunca van más allá y solo dejan las ideas flotando.

Esta cinta tiene sus puntos débiles en cuanto a la trama y la historia en general, pero los aspectos técnicos hacen que definitivamente valga la pena verla en pantalla grande y vivir esa experiencia cinematográfica. 7/10.

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