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La eraDomingo, 29 de Octubre de 2017 00:38 a.m.

Poco queda de lo que fue la casa grande de la hacienda La Presa. Sus restos yacen en un lugar perdido en el altiplano potosino, muy cerca de la ciudad de Matehuala. Hace mucho que los amplios techos se rindieron al tiempo y han desaparecido. No así los gruesos muros que, cual gigantes maltrechos, aún siguen en pie, evocando las glorias del pasado.

Casi intacto, a pocos metros de las ruinas de la casona, sobrevive un espacio plano y circular cuyo diámetro se aproxima a los diez metros y está rodeado por un muro cuya altura apenas nos llega a la cintura. A este espacio, que ya ha olvidado su propósito, las pocas personas que a sus alrededores habitan lo llaman la “era”. ¿Era? Extraño nombre que ninguno de ellos supo explicar y que nos retó a encontrar su origen.

Aunque una era puede ser un periodo de tiempo marcado por un hecho destacado, como “la era de hielo”; o también puede ser una conjugación del verbo ser como en “yo era”; la era también es un espacio plano para trillar los cereales y así separar granos de rastrojo. Esta última es la que encontramos en La Presa. Ahora que ya sabemos qué es y para qué servía, pasemos a descubrir el porqué de su nombre.

Desde inmemorables tiempos, los hombres aprendieron a cultivar los granos que les servían de alimento. Los romanos los llamaron cerealis (de *ker=crecer), y a la diosa a quien rogaban por una buena cosecha la nombraron Ceres, nombre que para perpetuarse se escondió en la palabra cerveza.

El ciclo agrícola iniciaba con la preparación de la tierra, y ya lista se hacía la siembra (del latín seminare=esparcir la semilla) y dándole tiempo al tiempo, con la gracia de la naturaleza, o de Ceres dirían los romanos, las plantas crecían y llegaba el momento de la siega (de secare=cortar). Luego seguía la trilla, palabra que viene del latín tribulare que significa ‘estrujar, machacar’ y por eso cuando en nuestro ánimo nos sentimos así: estrujados y machacados, decimos que estamos atribulados. La trilla consiste en separar el grano de la paja y para hacer esta tarea, se necesitaba un espacio libre de hierba para colocar las mieses para estrujarlas, machacarlas, sacudirlas y así poder separar el grano del rastrojo. A este espacio los romanos lo llamaron “ârea”.

La palabra “área” tiene origen en la voz latina “âreo” cuyo sentido es ‘estar seco’, de la misma raíz que “árido” y “arder”. El significado original de la palabra quedó registrado en la obra De Lingua Latina, de Marco Terencio Varrón, contemporáneo del emperador Julio César. En una parte escribió: “Ubi frumenta secta, ut terantur arescunt, área”, que puede traducirse como: “El área es donde el trigo segado se seca para ser trillado”.

Con el tiempo, la voz “área” pasó a nombrar a cualquier terreno despejado y luego, en castellano, también se convirtió en unidad de medida (100 metros cuadrados). Pero en su significado original, terreno circular para secar las mieses y luego trillarlas, la pronunciación de mil bocas peninsulares fue deformando la palabra: de área pasó a ser aria, y luego aira, para finalmente quedar en era.

Frente a las ruinas de la casa grande, en la exhacienda de La Presa sobrevive un espacio circular rodeado por un muro enano que ya ha olvidado su propósito. Hoy, los pocos niños que ahí habitan lo usan para sus juegos. Lo llaman la “era”... ahora ya sabemos por qué.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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