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La educación de nuestros hijos Viernes, 20 de Septiembre de 2019 01:56 a.m.

Les comparto un mensaje que escribí ya hace buen tiempo, pero que refleja una excelente historia para reflexionar acerca de la educación que nuestros hijos deben de recibir en nuestra casa. Lo inicie con una recomendación de un paisano de Saltillo, quien me escribió lo siguiente: "Ramón, tienes que escribir algo recomendando a los papás que no sobreprotejan a sus hijos; si no, nunca van a crecer como personas responsables". 

Este comentario trajo a mi memoria la historia del hombre que encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para filmar el momento en que la mariposa saliera del capullo. Él contemplaba continuamente el capullo, hasta que una tarde observó que había un pequeño orificio. Rápidamente prendió su cámara de video y se puso a observar por un buen tiempo. Pronto notó que la mariposa luchaba y forcejeaba duramente para hacer el orificio más grande para poder salir. Así continuó por un buen tiempo, hasta que llegó el momento en que todo indicaba que la mariposa había dejado de forcejear. Al hombre le pareció que la mariposa no progresaba en su intento, pues se había atorado en ese agujero tan pequeño. El hombre ni tardo ni perezoso quiso hacer su buena obra del día, y decidió ayudar a que la mariposa saliese del capullo. Y así, con unas tijeras pequeñas, cortó el capullo para hacer el agujero más grande, y así la mariposa pudo salir fácilmente de la presión del capullo. Pero la mariposa que salió tenía el cuerpo muy hinchado, y sus alas eran pequeñas y estaban dobladas. El hombre continuaba esperando y filmando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el peso de la mariposa, y que pudiese así volar. Pero nada de eso sucedió. La mariposa sólo podía arrastrarse y medio aletear en círculos con su cuerpo hinchado y sus alas cortas y dobladas. Esta mariposa nunca pudo llegar a volar, nunca se pudo transformar en una mariposa normal: la mano protectora del hombre había alterado el proceso natural de su nacimiento. El hombre con su bondad le había hecho mucho daño".

La gran conclusión de este mensaje es: "Lo que este hombre no entendió fue que la restricción en el agujero de salida del capullo y la lucha que tenía que realizar la mariposa para poder salir por ese agujero pequeño, era la forma en que la naturaleza forzaba que ciertos fluidos del cuerpo de la mariposa pasasen hacia sus alas para que así, estuviesen fuertes y grandes para que pudiese volar de una manera normal. Efectivamente, el poder volar con libertad sólo era posible luego de la lucha que tenía que realizar la mariposa para salir del capullo. El hombre, al privar a la mariposa de su necesidad de luchar, también le privó de su salud y de su libertad de volar". 

Hasta aquí la historia de la mariposa. ¿Qué podemos aprender de esta historia? Sin duda, quitarles a nuestros hijos sus tareas y deberes no es el mejor camino para que puedan tener alas fuertes para alcanzar las alturas, para llegar a ser hombres y mujeres de bien. 

Recuerden que la mejor hija, el mejor hijo es aquel o aquella que tiene hondas raíces que lo mantienen firme y alas fuertes para que pueda alcanzar  las alturas. Pero las alas no se hacen fuertes solas, algunas veces las luchas son una gran medicina y una gran fuerza impulsora en la vida. Si logramos transitar por nuestra vida sin obstáculos, de seguro nos podríamos convertir en inválidos, al menos inválidos de carácter o de sabiduría. La cultura del esfuerzo es algo que se ha perdido en muchos de nuestros jóvenes actuales. ¿De quién depende que no sea así?, se preguntará usted. Pues de nosotros, sus padres y sus abuelos. 

La pregunta de los 64,000 centenarios es: ¿Qué estamos haciendo parar ser recordados como unos papás que supieron dejar un legado inolvidable para sus hijos y nietos? Recuerden que entre ausencia y ausencia se nos escapa la oportunidad de educar, motivar y encausar a nuestros hijos en el camino correcto.

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