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La depresión artificial del precio del oro ¿por qué y para qué? Por: Guillermo Barba Guillermo BarbaLunes, 5 de Octubre de 2020 02:00 a.m.

Durante años algunos pocos analistas hemos denunciado la artera manipulación del precio del oro. Esto, mientras otros analistas y medios predominantes desdeñaban estas acusaciones como simples teorías conspirativas que, con el paso del tiempo, se ha confirmado que eran ciertas.

A partir de que EUA cerró en 1971 la ventanilla de cambio de dólares por oro a una tasa fija de $35 dólares por onza troy, el planeta inició un megaciclo inflacionario sin precedentes, y cuya intensidad se dispara exponencialmente con cada crisis recurrente que se nos presenta.

Una vez eliminado el molesto límite que el oro imponía al gasto público y a la expansión monetaria sin fin, no hubo más restricción a la creación de dinero "de la nada" que hoy llevan a cabo los bancos centrales más poderosos del orbe como la Fed estadounidense, el Europeo, el de Japón, el de Inglaterra, etc.

El punto aquí es: se puede crear todo el dinero que se quiera, pues ya ni siquiera es necesario imprimirlo –casi todo es digital–, pero en cambio no se puede crear riqueza infinita, esto es, bienes que satisfacen necesidades, gustos y preferencias de las personas.

Crear dinero no es sinónimo de crear riqueza, pero sí de corrupción monetaria.

Corromper la moneda implica un cruel y artero asalto a los bolsillos de las personas, sobre todo y en especial, de aquellos que trabajan más duro por ganar sueldos y salarios que año con año valen menos en términos reales a causa de la inflación.

Nos hemos acostumbrado a la falsa normalidad de que todo suba cuando en realidad es un síntoma de la enfermedad crónica que aqueja a nuestro sistema monetario.

El "termómetro" que nos permite medir la gravedad de la "fiebre" que dicho padecimiento monetario provoca es el precio del oro.

Y es que la cantidad de unidades monetarias que se requieren para comprar una determinada cantidad de metal precioso nos habla inequívocamente de la pérdida de valor del dinero de papel.

Mientras que en 1971 se requerían $35 dólares para conseguir una onza de oro, hoy se pagan casi $2,000 dólares.

En México, el caso es aún más dramático, pues mientras que en 1971 la onza de oro costaba $437.50 pesos de entonces, hoy cuesta $41,000,000 (sí, 41 millones) de pesos, que tras la eliminación de los tres ceros en 1993, se convirtieron en los "sólo" 41,000 pesos que hoy en día pagamos (en teoría) por cada onza troy de oro puro.

Le digo que "en teoría", porque en el mercado real de oro físico, la onza cotiza entre 45 y 50,000 pesos, y los centenarios (1.2 oz. de oro), entre $54,000 y $60,000 pesos.

Visto así, se entenderá mejor por qué para la divisa de reserva global, el ´todopoderoso´ dólar, es cuestión de vida o muerte que el precio del oro no se dispare descontroladamente, pues esto haría a los inversores abandonarlo para siempre.

En la manipulación (depresión) del precio del oro juega un papel protagónico el mercado de futuros, referencial global a partir del cual se celebran todos los contratos de compra/venta del metal.

El problema es que con la sofisticación, los mercados de futuros son más susceptibles que nunca de ser manipulados, y basta una oleada masiva de órdenes de venta para tumbar

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