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La confrontación subterráneaPor: Andrés Vásquez Opinión y PropuestaJueves, 25 de Febrero de 2021 02:19 a.m.

Una de las funciones de las fuerzas políticas, en cualquier país que se respete y crea en la democracia, es acotarse, vigilarse y equilibrarse entre ellas, de tal suerte que lo mejor que le puede pasar a un gobierno fuerte es tener también una oposición fuerte. Y por fuerte entiéndase para ambos casos una postura firme en sus convicciones, actuante y sobre todo propositiva.

Sin embargo, es una perversión muy común en muchas democracias, que cuando se acercan tiempos electorales, como es nuestro caso, las propuestas para solucionar los problemas que nos aquejan; brillan por su ausencia y comenzamos a ver una serie de golpes bajos que buscan destacar en el imaginario colectivo del electorado, cuán ineptos y corruptos son las diferentes contrapartes políticas. A veces vemos estos golpes bajos, deliberadamente preparados para crear un efecto en cierto sentido en la opinión pública. Otras veces vemos cómo algunos acontecimientos que se van dando en esta temporada, son aprovechados por los bandos, para llevar agua a su molino.  Pero lejos de dar información veraz a los electores, lo único que logran es crear confusión sobre temas de interés general, y peor aún, reforzar las creencias ideológicas de todos los bandos, provocando que se cierren al diálogo y se parapeten en sus ideas. Fomentan el voto duro y dividen a la sociedad en su conjunto.

Otorgando el respectivo beneficio de la duda a todas las partes involucradas en los casos que vamos a comentar; nos parece que en cierta medida, lo dicho en el párrafo anterior, podría estar sucediendo y quizá estemos ante una serie de golpes bajos con cálculo electoral.

El primer caso es el de las presuntas irregularidades encontradas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) por poco más de $12,000 millones de pesos. Aquí hay dos hechos a destacar: Primero, que un gobierno cuya principal bandera es el combate a la corrupción, no puede darse el lujo de ninguna manera, de ser señalado de presunto desvío de fondos y el presidente, lejos de argumentar que “tiene otros datos”, debe ser el primero en dar explicaciones. Y segundo, que la ASF, de acuerdo a su propio procedimiento, ha solicitado a las diferentes dependencias señaladas, que le entreguen documentación que compruebe el buen ejercicio de los gastos que hoy están en duda. Eso significa que todavía no hay información concluyente y habrá que esperar el debido proceso, antes de sacar conclusiones. Pero en la confrontación política se hace fuego con este tema, desvirtuando la información y dando por hecho que se cometieron graves desvíos.

El segundo caso, es la reciente acusación contra el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, por diferentes delitos que podrían englobarse como fraude y enriquecimiento ilícito. El gobernador y su partido, el PAN, acusan a Morena y al gobierno de falsedad y de utilizar la justicia con fines electorales. La contraparte rechaza esa acusación. Y entre los dimes y los diretes, en nadie ha cabido la prudencia para aclarar que, como en el caso anterior, se debe seguir un debido proceso antes de dar por buenas las acusaciones y mucho menos, antes de contaminar la situación con tintes electorales. Al igual que en el caso anterior, el gobernador y su partido debieran ser los primeros interesados en que ésto se aclare.

Ojalá que sí.

Además, opino que es necesario e importante generar políticas públicas educativas en relación al cuidado, protección y preservación del ambiente.

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