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La cercanía del virus Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMartes, 2 de Febrero de 2021 01:06 a.m.

Cada vez se escuchan más cercanas las noticias de alguien que ya padece la enfermedad. Antes, escuchábamos que allá en Sonora o allá en Italia o allá en tal o cual Estado o País el amigo del primo del vecino se había infectado de SAR-COV2 (COVID 19).

Hoy y no se trata de una persona lejana. En el caso de esta Jirafa ya han fallecido conocidos: una de las mejores amigas de mi mamá perdió a su esposo y a su hermano. Mi hermana ya tuvo un susto debido a que un amigo muy querido tuvo COVID, un gran amigo de la maestría también ya lo padeció, mi amigo (y mano derecha en el trabajo) estuvo enfermo y grave.

Fallecidos y enfermos cercanos comienzan a ser constante. Este virus es real y sus muertos, hospitalizados y contagiados, que van en aumento diariamente, también lo son. Ese cuento de la teoría de la conspiración ya fue superado por la realidad; o de plano se les fue de las manos a los "conspiradores".

Los gobiernos están en jaque. Por un lado, está la necesidad de cuidar a la ciudadanía para evitar más contagios (no hay sistema de salud que soporte tanta cantidad de enfermos y muertos) y, por otro lado, está el imperioso requerimiento de mantener la economía: abrir restaurantes, comercios, oficinas, centros de producción, etc., etc. ¿Sobre qué decidir? ¿Cuál debería ser la prioridad?

Y es que si estuviéramos ante una población responsable, tendríamos que decir que lo primero (la salud) no sería problema, mientras que lo segundo (la economía) sería lo que hay que atender. Pero, ni modo esta Jirafa es muy clara en sus afirmaciones, México (y con él muchos países similares) no es un país responsable, los ciudadanos requerimos de leyes que nos limiten y coaccionen para hacer lo que nos corresponde (para buscar el bien común). Si fuera así, no nos toparíamos con aquellas escenas en las que se le tiene que exigir a tal pasajero del transporte público que utilice cubrebocas, con la consecuente retahíla de vituperios y violencia que en redes sociales conocimos. Si fuera así, no estaríamos ante las escenitas de los "pudientes" que arman sus fiestas con decenas de personas sin que medie prudencia sanitaria. Si fuera así, no estaríamos ante un sistema de salud desbordado con ocupaciones hospitalarias mayores al 85% y con servidores públicos que insisten que "no pasa nada" o que un día te dicen de manera repetida "quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa" y a, de repente, porque puede, porque quiere, porque se le pega la gana (ah, perdón porque está de vacaciones) se va a la playa a descansar, abriendo la puerta al mal ejemplo y a las consecuencias que ahora vivimos. 

¡El virus está cerca! ¡El virus está cerca! ¡El virus está cerca!

Ojalá que esta invitación que hace la Jirafa resuene. Que no se quede solo en los tres o cuatro lectores que tiene. Pues ya no es el tío lejano que atendía en la clínica de Caborca, Sonora (D.E.P., el tío Salvador Ramos Olmos y la tía Magdalena), ni tampoco el amigo del vecino que llegó de su mega viaje por Europa infectado (y fue de los primero que trajeron – sin querer – el virus). Ni tampoco se trata de mi querido amigo del MBA que hace mucho no lo veo y que estamos en contacto vía WhatsApp. 

Se trata de Gustavo y Armando (Q.D.E.P); se trata de T (amigo de mi hermana); Se trata de Carlos que llegó a estar hospitalizado, la pasó muy mal y que aún padece las secuelas del virus; se trata de su hermano.

Esta cercanía del virus se trata de ti y de mi que aún no lo tenemos y somos susceptibles de contagiarnos si no extremamos precauciones. Cuidemos a los que nos rodean, cuidándonos nosotros. Cliché, sí; realidad, también; exigencia, justificada.

Esta Jirafa hipocondriaca seguirá atenta.

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