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¡Jijos de la mañana!Domingo, 25 de Junio de 2017 00:19 a.m.

Hay tipos sin escrúpulos a los que consideramos una calamidad. De ellos, en México solemos decir que son unos “jijos de la mañana” o con más finura, “hijos de la mañana”. Escondida tras esta folclórica expresión, hay una historia que puede ser perturbadora para algunas almas sensibles, pero correré el riesgo. 

Hace cerca de 3000 años, se escribió el Antiguo Testamento, en su mayor parte, en la lengua hebrea de aquella época. Muchos siglos después, Dámaso, obispo de Roma, encomendó a San Jerónimo que preparase una versión de la Biblia en latín. 

San Jerónimo se fue a Belén (Palestina), en donde estuvo cerca de veinte años entregado a la tarea que le fue encomendada. De aquel trabajo, terminado por el año 400 d.C. surgió la Vulgata Latina, llamada así porque la Biblia estaría entonces accesible para el vulgo. Uno de los pasajes bíblicos más estremecedores, es el de Isaías 14:12, que San Jerónimo tradujo al latín como: “…quomodo cecidisti de caelo lucifer qui mane oriebaris corruisti in terram qui vulnerabas gentes”. En castellano, este pasaje se tradujo: “Cómo caíste del cielo, oh Lucero, ¡hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes”. 

Esta traducción, corresponde a la primera versión completa de la Biblia en castellano que Casiodoro de Reina hizo en 1569; trabajo que por cierto le valió ser perseguido por la Inquisición española. Una mala interpretación, hizo suponer que Isaías 14:12 hacía referencia a satanás. De este modo, tanto Lucifer como “Hijo de la mañana”, pasaron a ser nombres para el diablo. Esto explica la expresión “¡Jijo de la mañana!”, con la que de algún modo comparamos al aludido con el demonio. 

No obstante, todo indica que Isaías hizo referencia, no al diablo, sino al entonces rey de Babilonia y, con ironía, lo exalta para contrastar lo que sería su catastrófico final. 

En el texto hebreo original, Isaías, para exaltar al rey de Babilonia usó la palabra “heileil”, que significaba “estrella brillante de la mañana”, es decir, ¡el planeta Venus! Cuando San Jerónimo hizo la traducción al latín, usó con propiedad la palabra “lucifer” (portador de luz), que entre los romanos significaba lo mismo: el planeta Venus. Como ya dijimos, fueron interpretaciones posteriores y equivocadas, las que ocasionaron que se tomara el nombre “Lucifer” para Satanás. 

Es de anotar que en la misma Vulgata, aparece la palabra lucifer en otro texto y con un uso que para nada insinúa relación con el maligno. Se trata de Pedro 1:19: “Et habemus firmiorem propheticum sermonem cui bene facitis adtendentes quasi lucernae lucenti in caliginoso loco donec dies inlucescat et lucifer oriatur in cordibus vestris”. Que puede traducirse como: “Y así se nos hace más firme la palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana”. 

A ver, piensa un poco y responde: en esta metáfora de Pedro… ¿Quién sería Lucifer? ¡Uffhh! Aquí viene lo difícil. En este pasaje, “lucifer” es traducido como “lucero de la mañana” y es una clara alusión a… ¡El Mesías! 

Ahora, ¡por favor no vayan a entender mal! No quiere decir que entonces El Mesías es el diablo. ¡No! Sólo se entiende que en La Biblia, la palabra lucifer no se usó para referirse al maligno; eso se dio después por un error de interpretación. Que quede claro que esto es tan sólo un enredo lingüístico y no se vale que las conclusiones vayan más allá. 

En fin, a pesar de poner en evidencia la herrada interpretación, Lucifer seguirá siendo nombre para el diablo, ya está muy arraigado en el imaginario popular como para querer cambiar las cosas. En lo que se refiere a “hijos de la mañana”, sin duda lo seguiremos diciendo porque los jijos de la mañana… nunca nos van a faltar.  




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