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Jesús nos llena de su pazPor: P. Noel Lozano Las cartas sobre la mesaViernes, 16 de Abril de 2021 02:00 a.m.

Las profecías debían cumplirse. Es decir, todo aquello que había sido escrito en la ley y Moisés acerca del Mesías, acerca de sus sufrimientos y de su muerte, debía tener cabal cumplimiento en Jesús. 

San Pedro muestra la continuidad entre el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob y el Dios que ha glorificado a Jesús. Ninguna ruptura entre las promesas hechas por Dios y la realidad actual; por el contrario: un cumplimiento cabal y perfecto del plan de Dios, de su pacto de amor con los hombres llevado hasta el amor extremo. Gracias a la muerte de Jesús y a su resurrección tenemos el perdón de los pecados. Él es propiciación por nuestros pecados, nos dice san Juan en la segunda lectura. Allí donde se anuncie el mensaje de Jesús, el mensaje de su muerte y su resurrección, debe anunciarse el perdón de los pecados y la necesidad de la conversión. Nos encontramos ante un mensaje con una doble enseñanza: por una parte el gozo de saber que todas las profecías se han cumplido en Jesús, en su muerte y su resurrección; por otra parte, la necesidad de arrepentimiento y conversión por nuestros pecados para disfrutar de la paz del resucitado.

Dios es fiel a sus promesas. El segundo discurso de Pedro en el que el apóstol anuncia la resurrección del Señor. La resurrección de Jesús nos dice que Dios es fiel a sus promesas. La resurrección es el culmen hacia el cual tendía la historia de la salvación desde el principio, se trata del cumplimiento pleno de la revelación divina de Dios y de su amor, y la liberación definitiva prefigurada en la liberación de la esclavitud de Egipto. En el evangelio san Lucas comenta que Jesús resucitado abrió el entendimiento para que comprendieran las escrituras. Abrir el entendimiento, significa comprender que toda la historia de Israel encuentra su sentido cuando culmina en la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Abraham y Moisés, David y los profetas, la esperanza y el exilio, todo recibe su lugar y encuadramiento a la luz del misterio pascual de Jesús. Dios ha cumplido todo su plan de salvación y lo ha cumplido de un modo misterioso que supera todos nuestros cálculos humanos.

Así pues, que la fidelidad de Dios a sus promesas y a su amor por el hombre sea aquello que nos dé seguridad en el camino. El Señor no nos ha abandonado. Podrá una madre olvidarse de su hijo, que Dios no lo hará con nosotros, porque en su Hijo muerto y resucitado nos ha dado todo. Nos ha dado su amor.

¿Por qué se alarman? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Vivamos siempre en la paz de Jesús. Como en aquellos tiempos, siempre hemos sentido dudas en nuestro interior. Dudas sobre el mundo y su bondad; dudas sobre el hombre y su fragilidad para el bien; dudas sobre uno mismo: sobre el sentido de la propia vida, de la propia tarea, de la propia vocación. E incluso, a veces, nos surgen dudas sobre Dios y su plan. Dudas sobre esta pandemia y situación tan extraña que nos toca vivir. Lo cierto es que Jesús resucitado nos repite como a aquellos apóstoles atemorizados: ¡La paz esté con ustedes! ¿Por qué se alarman? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Jesús nos grita: ¡Soy yo! Es preciso hacer la experiencia de Jesús resucitado para caminar sin sospechas por esta vida. Si bien esta vida está transida de dudas, dolores íntimos e insospechables; sin embargo, es también una vida que merece vivirse. 

El testimonio cercano de la vida íntima de la madre Teresa de Calcuta es algo muy instructivo. Ella, que era la imagen de la caridad y de la alegría, que predicaba a todos que había que servir a Dios en el prójimo con amor y con una sonrisa en los labios, precisamente ella, experimentaba una honda oscuridad en su alma. Le venían dudas en su interior sobre el amor de Dios. ¡Qué noche habrá sido aquella en una alma que no era sino caridad! Ahora entendemos mejor lo que dice santa Teresa de Jesús acerca de las sequedades y obscuridades del alma: "no le conviene al alma refugiarse en sí misma, ni abandonar sus obras de caridad; por el contrario que continúe donándose y entregándose que Dios sabrá sacar provecho de ello para ella y para sus almas". Así pues, ante las dudas en nuestro interior: que sea la paz y la caridad de Jesús lo que prevalezca en el corazón y a seguir hacia adelante que la eternidad está a la puerta.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

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