icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Jaywalking Por: Moisés Lopéz Cantú SystemáticaMiércoles, 26 de Agosto de 2020 00:00 a.m.

Hace mucho tiempo los usuarios de las calles convivían sin estorbarse unos a otros, salvo algunos incidentes menores y el manejo de los desechos, usualmente relacionados con los usuarios no humanos, no había sucesos mayores que lamentar. Peatones y no peatones se desplazaban de un lugar a otro, conversaban, jugaban, compraban y vendían: la calle era un lugar para estar, conversar y desplazarse.

Hoy eso es utópico, es asumir un "pasado" imposible, pero ¿qué paso?, ¿qué hizo que las calles se convirtieran en espacios dominados por el auto y donde se suscitan violentísimos encuentros?

"En los tempranos días del automóvil los conductores se esforzaban por evitar a los peatones, no al revés... pero bajo el nuevo modelo, las calles se convirtieron en un lugar para los autos y, como peatón, es tu culpa si te atropellan", dice Peter Norton en Fighting Traffic: The Dawn of the Motor Age in the American City.

¿Cómo es que paso? Creando un nuevo crimen el "jaywalking" y ridiculizando a las personas que debían caminar por las calles invadidas por vehículos de motor.

En los años 20 del siglo pasado, en Estados Unidos, el número de muertes en hechos de tránsito se disparó, paso de menos de 1,000 a 16,000 por año; la mayor parte eran niños y adultos mayores. Los autos fueron considerados "intrusos violentos", se hicieron memoriales en honor a los muertos, se generó una gran indignación contra los autos e incluso se les demonizó. Los jueces solían culpar al "vehículo más grande" de homicidio involuntario, independientemente de las circunstancias... hasta que el lobby de los fabricantes se movilizó.

En esa época se pensaba que los vehículos deberían estar equipados con un "gobernador" de velocidad (25 millas por hora) y, de hecho, en 1923, 42,000 personas en Cincinnati firmaron una petición para que esto se hiciera realidad. Desafortunadamente la iniciativa se perdió y eso galvanizó el lobby de los fabricantes, se dieron cuenta que si no eran proactivos el potencial de ventas disminuiría. A mitad de los 20, el lobby de los fabricantes logró imponer en muchas ciudades un "modelo de regulación del tráfico", idea basada en la ley de tráfico de Los Ángeles, que desde 1925 impone multas a los peatones y hoy aplica decenas de miles de multas de hasta $250 dólares.

Pero la estrategia no paró ahí, se montó una gran campaña para reportar accidentes con peatones. Estos reportes eran enviados de manera gratuita a la cámara de comercio del automóvil y devueltos en forma de artículos al día siguiente, y distribuidos de forma masiva con un propósito: culpar y ridiculizar a los peatones. Se montaron campañas, parecidas a las de AA, para evidenciar y señalar las faltas de los "pecadores". Hay registro, por ejemplo, de un chico que fue "juzgado y condenado" a borrar el pizarrón por una semana, por "cruzar de forma insegura" una calle.

Si, la estrategia fue la vergüenza y el ridículo, de ahí el término que da título a esta columna: jaywalking. Es decir, peatones tontos, palurdos, incapaces de entender los beneficios de la modernidad y sin habilidad para moverse en la ciudad, incapaz de evitar ser atropellados por el brillante monstruo de acero, símbolo de riqueza y progreso.

Cien años después, en cochelandia, el proceso de vergüenza pública y exclusión continua, un poco más refinado, pero ahí está. Hoy se alega, ante la ampliación de una banqueta o el intento de una ciclovía, la violación de derechos humanos (mi auto, mi frente, mí tiempo) y se exigen sesudos estudios de costo-beneficio y diseños por metodologías participativas nunca pedidas a las grandes obras para los autos... ¿y el jaywalking? No existe, lo que hay es jaydriving. Según el observatorio de seguridad vial, de 71,200 hechos de tránsito registrados (2019), más del 99% fueron responsabilidad de los conductores y el 81% fueron causados por exceso de velocidad, no guardar distancia, invadir carril o no respetar las señales de tránsito (bit.ly/32l5ziK).

OpenA