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Irse de picos paradosDomingo, 18 de Febrero de 2018 00:01 a.m.

“¿O cuál es más de culpar, / aunque cualquiera mal haga: / la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?”. Quien se haya dado el regalo de leer a Sor Juana Inés de la Cruz, ya habrá identificado estos versos que son parte de “Hombres necios...”, esa tremenda regañina disfrazada de poema que la Décima Musa endilgó al género masculino.

En la estrofa citada, Sor Juana pone en claro que si en la prostitución hay culpas, sería de justicia repartirlas equitativamente entre prostitutas y clientes. Sin los unos no existirían las otras o, más coloquialmente, “tanto peca el que mata la vaca como el que le detiene la pata”.

Así debería ser, pero la realidad es que la opinión social se ha ensañado con las mujeres que han tenido por fortuna que, los vientos de la vida, las arrastraron a servir en la llamada “profesión más antigua del mundo”. Mientras tanto, los hombres que las buscan son vistos como criaturas traviesas con sólo ganas de divertirse y liberarse de ese estrés ocasionado por un día de arduas tareas.

En este contexto, el lenguaje masculino ha inventado diferentes frases para anunciar su visita a esos lugares “non sanctos” en los que hay música, bebida y desde luego… mujeres: “irse de parranda”, “irse de juerga”, “irse de milonga” y, entre muchas otras, una muy curiosa: “irse de picos pardos”. A esta última, por la historia que encierra, vamos a prestarle especial atención.

La expresión es antigua, ya citada en La Vida y Hechos de Estebanillo González, un texto español anónimo de 1646. En un fragmento se lee: “Aquí fue adonde di a el diablo la guerra y adonde tuve por insensato a el que tiene con qué pasar en la paz y viene a buscar picos pardos y entre abismos de descomodidades anda solicitando su muerte”.

Sobre la procedencia de la locución, José Ma. Iribarren escribió en El Porqué de los Dichos: “En su origen, la frase ‘irse a picos pardos’ o ‘de picos pardos’ significó irse con una mujer de la vida airada o ‘moza de partido’, y se dijo porque la ley obligaba a las tales a usar jubón (manto) de picos pardos, para distinguirlas de las mujeres decentes”.

Luis Montoto, en Un Paquete de Cartas, publicación de 1888, escribió más detalles: “Los picos, o los mantos con picos pardos, fueron distintivo de las mujeres de vida airada, mozas de partido, etc. En tiempos pasados, las tales tenían que vestir como se les ordenaba. Según las Ordenanzas de la Casa Pública de Sevilla, no habían de usar vestidos talares, ni sombrillas, ni guantes, sino una mantilla para los hombros, corta y encarnada”.

Otra cita más tardía, ya en el continente americano, la encontramos en Tradiciones Peruanas, textos de Ricardo Palma publicados en 1872: “De cómo un príncipe fue alcalde en el Perú (1796). El señor Sobrino y Minayo, a pesar de la mitra, era aficionado a la camorra; y tanto que la armó, y gorda, por poner en vigencia una ordenanza de Felipe II, la cual disponía que las hembras de enaguas airadas vistieran, para no ser confundidas con las honestas damas, de paño pardo con adornos de picos, de donde, por si ustedes lo ignoran, les diré que tuvo origen la frase andar a picos pardos”.

Aunque el uso de esta antigua frase ha venido a menos, aún nos puede saltar en una conversación pueblerina o entre las páginas de un libro viejo. Ahora que la conocemos y sabemos su origen, podemos también ver en ella un indicio más de lo triste que ha sido la vida de las mujeres de la vida alegre.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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