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Intereses usurarios Por: Manuel Jezzini Martínez Manuel JezziniMiércoles, 16 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.

Por la problemática actual que enfrenta la actividad económica, encontramos que hay inquietud y dudas respecto a las consecuencias de los incumplimientos de algunos contratos y obligaciones.

Algunos necesitan cuidar su patrimonio para evitar su deterioro y otros tratan de defenderlo ante situaciones de desgracia que los obligarán a cubrir penas convencionales o intereses por deudas o contratos celebrados que no pudieron sostener.

Desde luego la solución de conflictos de manera consensuada es lo más conveniente, pero en ocasiones ello no es dable.

Para acreedores y deudores un tema vigente es el de los intereses ordinarios y moratorios.

Dentro de este tópico deviene muy relevante el conocer los márgenes que permite la ley al respecto.

Un segmento de análisis se ubica en el delito de usura en donde el parámetro quedó establecido por el legislador en el interés igual o mayor al costo porcentual promedio en la fecha más próxima al día en que se acuerde el préstamo. Sin embargo, para la actualización de esa figura antijurídica debemos de encontrarnos con que se trate de un préstamo aunque se encubra en otra figura contractual.

El otro segmento lo encontramos en contratos civiles o mercantiles y en títulos de crédito como los pagarés en los que se establezca por los partícipes un interés ordinario o moratorio.

La frontera legal del impere de los intereses se ha desarrollado recientemente al ser motivo de análisis atendiendo a diversos ángulos o puntos de vista.

Así, en el año de 2013 la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación desarrolló un tratamiento de lo que se entendía por interés usurario, en materia mercantil, dependiendo del ámbito en el que se presentara.

Se estableció que para que se diera una ineficacia en el pacto realizado por las partes debería haber una desproporción entre las prestaciones estipuladas y que ese desequilibrio se causara por la suma ignorancia, notoria inexperiencia o extrema miseria del afectado. Además, se determinó que para no causar un desequilibrio entre las partes el análisis de ese tipo de intereses debía hacerse a petición de parte.

Al año siguiente, una nueva reflexión condujo a la misma Primera Sala a dar un vuelco en la forma de apreciar los intereses usurarios y partiendo de una concepción más protectora y de respeto de los derechos humanos determinó que dado que la usura es una forma de explotación del hombre por el hombre, por estar considerado en esos términos en el artículo 21 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, debería quedar prohibida.

A partir de ese momento, primero aludiendo a la suscripción de pagarés y a la postre de manera genérica, lo correcto es considerar que al margen de lo que hayan estipulado las partes, debe de interpretarse la ley en el sentido de que la permisión de acordar intereses tiene como límite que una parte no tenga en provecho propio y de modo abusivo, sobre la propiedad de la otra, un interés excesivo.

Además, para garantizar y proteger los derechos fundamentales de los particulares se estimó que ante los intereses excesivos el juzgador de manera oficiosa debería de proceder a reducir la tasa de interés prudencialmente para que no resultara excesiva.

A la postre de esa jurisprudencia se ha generado toda una gama de precedentes en los que la idea central de que la usura es un fenómeno contrario al derecho humano de propiedad y que es una explotación del hombre por el hombre, lo que está proscrito, por lo que ha trascendido la interpretación para que los ordenamientos, independientemente de si nos encontremos ante cuestiones de títulos de crédito o contratos civiles o mercantiles, sean adecuados a intereses que no sean abusivos, independientemente de lo que hayan pactado los contratantes.

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