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Clima
Increíble inclusión de India y Pakistán al “Grupo de Shanghai” que encabezan China y Rusia Por: Alfredo Jalife Rahme Bajo La LupaJueves, 15 de Junio de 2017 01:24 a.m.

Mientras Washington se desgarra con las poco convincentes suputaciones del exdirector del FBI, James Comey –vulgar “soplón” y marioneta del Deep State violentamente defenestrado por el cada vez más atribulado Trump–, el mundo se desordena y se reordena en forma simultánea a pasos acelerados para ocupar los espacios que deja vacíos EUA: la otrora superpotencia unipolar hoy en franca decadencia y en plena “Guerra Civil” que no se atreve a pronunciar su nombre.

Totalmente boicoteado por los desinformativos multimedia “occidentales”, el Grupo de Shanghai (Organización de Cooperación de Shanghai: OCS) celebró su trascendental cumbre 17 en Astaná, capital de Kazajistán, país convertido en la bisagra euroasiática entre China y Rusia.

El boicot multimediático “occidental” colinda con lo pueril cuando en dicha cumbre fue avalado el espectacular ingreso de India y Pakistán: su mayor evento después de 16 años de existencia teórica.

No es menor la incrustación de India y Pakistán –a mi juicio, la primera apadrinada por Rusia y la segunda por China–, dos potencias medianas nucleares quienes se han enfrascado en tres guerras convencionales.

De sus seis miembros primigenios –China, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán–, la OCS pasa ahora a ocho miembros: cuatro de ellos conspicuas potencias nucleares: Rusia, China, India y Pakistán.

¿Se nucleariza el Grupo de Shanghai, mientras se resquebraja la OTAN en la fase trumpiana?

El Grupo de Shanghai ostenta como “observadores” a Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia y, como “socios de diálogo”, a Armenia, Azerbaiyán, Camboya, Nepal, Turquía y Sri Lanka. En total, 10 países adicionales se encuentran en la lista de espera que deberán dosificar China y Rusia.

¿Se saldrá Turquía de la OTAN para adherirse al Grupo de Shanghai más afín a su cultura y etnia, y así olvidarse de la hoy desgajada Unión Europea (UE) que despreció su inclusión contra natura?

El núcleo del Grupo de Shanghai fue eminentemente “centroasiático” durante 16 años, pero hoy lanza relevantes vectores geopolíticos y geoeconómicos al subcontinente indio (vía India y Pakistán, por extensión a Sri Lanka y Nepal), también al Cáucaso (Armenia y Azerbayán) y hasta Indochina (Camboya).

El flujograma y el cronograma de la OCS se ha ajustado en los recientes 16 años conforme han declinado tanto la salvaje unipolaridad estadounidense como su corolario globalista israelí/anglosajón, lo cual se expresa nítidamente con la aplicación de Irán para convertirse en miembro a carta cabal en momentos tan cruciales para la edificación del nuevo orden multipolar.  

Alexander Dugin, uno de los máximos ideólogos rusos muy cercano al zar Vlady Putin, contrasta el irredentismo prácticamente unipolar de la OTAN con la pluralidad multipolar de la OCS: en la OTAN “domina un solo país, una sola ideología, mientras la OCS se compone de los países y las fuerzas que representan diversas civilizaciones con diferentes ideologías y sistemas políticos”.

Es cierto, la OTAN es unipolar, donde EUA domina al restante pusilánime e inánime, mientras que el relativamente naciente Grupo de Shanghai es plural bipolar (sin menospreciar la invaluable adquisición de India).

Para Dugin, ideólogo ruso del euroasianismo, “la OCS se crea no como la ‘OTAN asiática’, sino como una estructura euroasiática que se opone a la globalización. La unión de grandes estados asiáticos que poseen una enorme capacidad económica y enormes fuerzas estratégicas es un serio paso hacia la institucionalización del mundo multipolar”.

Dugin lo expresa sin tapujos: “la OCS es un bloque multipolar. Y ello equilibra la hegemonía estadounidense y occidental, convierte un modelo de mundo que se les impone a todos sin alternativas, en una libertad. Ello atribuye nuevas posibilidades a los jugadores regionales de cualquier escala”.

Dugin diseca la intimidad geopolítica de la OCS a la que coloca como una fuerza de equilibrio frente al irredentismo de EUA: “eso será un desafío que ninguna estructura o coalición occidental, ningún bloque podrá vencer. Si la OCS elabora una postura consolidada sobre la lucha antiterrorista (…) significará un ambiente absolutamente diferente para resolver el conflicto sirio. Si la OCS dice ‘no’ a algunas acciones de Occidente, habrá que tenerlo en cuenta”.

Detecto una contradicción conceptual y operativa entre la apología de la “globalización económica” (en contrapunto a la “globalización financierista” de las plazas globalistas de Wall Street y la City) que pregonó el mandarín Xi en su reciente aparición en el foro moribundo de Davos, con la oposición contundente de Duguin a la “globalización” tout court. Ya habrá tiempo de discutirlo con detalle.

A mi juicio, de lo más relevante de la cumbre 17 en Astaná de la OCS fue la enésima reunión bilateral del mandarín Xi con el zar Vlady Putin para afinar detalles de su cada vez más profunda “alianza estratégica”.

Ni al zar Putin ni al mandarín Xi se les escapa que la agenda desestabilizadora de los yihadistas del Daesh está programada en los algoritmos geopolíticos de los instrumentos de EUA en el Cáucaso/Sur y Asia Central en sus fronteras respectivas de Rusia y China con la provincia islámica de los uigures en Xinjiang.

Los mandatarios de Rusia y China enfocaron sus baterías en la delicada situación de Nor-Corea y en el papel destinado a jugar por la OCS en la reconciliación y reconstrucción de Afganistán, cuando tampoco podía faltar el realineamiento de la “nueva ruta de la seda”(proyecto chino) con la Unión Económica Euroasiática (proyecto ruso).

El zar Putin acusó a EUA de estar detrás de los atentados terroristas yihadistas, lo cual sólo es ignorado por los multimedia desinformativos de “Occidente”.

El geopolitólogo Rostislav Ischenko fustigó la “incapacidad” de EUA y la UE de lidiar con la amenaza terrorista proveniente de Medio Oriente y Asia Central que afecta los intereses de los miembros de la OCS cuando los yihadistas del Daesh se aprestan a trasladar y mutar sus operaciones en las fronteras y entrañas del RIC (Rusia, India y China): “Ni Rusia ni China pueden permitir que las bandas terroristas expulsadas del Medio Oriente depreden sus fronteras”, lo cual descarrilaría la “nueva ruta de la seda” y la Unión Económica Euroasiática.

El Grupo de Shanghai provee el formato idóneo para que India y Pakistán, no se diga India con China, asciendan y trasciendan a un nuevo plano más creativo su nuevo tipo de interacción, que dejen atrás sus aldeanas contradicciones y confrontaciones que benefician al caduco orden unipolar anglosajón.

Desde su eclosión de muy bajo perfil hace 16 años, ahora sí que el Grupo de Shanghai ha tomado una dinámica más acelerada y consolidada en su cumbre en Astaná.

Después de haber estado en franca defensiva, desde el montaje hollywoodense del 11/9 (con sus guerras fabricadas en Afganistán e Irak), al unísono de la reactivación de la agenda yihadista y sus “células dormidas” de la eterna CIA, ahora el Grupo de Shanghai pasa a una notable contraofensiva en la cartografía de los “Balcanes Euroasiáticos” del hoy fallecido Brzezinski y que es inversamente proporcional a la decadencia unipolar de EUA.

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