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In memoriam Por: Luis Sampayo Luis SampayoLunes, 2 de Noviembre de 2020 02:00 a.m.

Si la vida es un trozo de tiempo en la realidad de una armoniosa y sincronizada mezcla entre lo espiritual, lo emocional, lo religioso y los elementos físicos y químicos, de los cuales se compone todo cuerpo del universo; es precisamente ella, la vida, un verdadero milagro producto del auténtico y genuino origen: el amor.

Ese hermoso milagro de nuestros días ha perdido un poco de aquel misterio y magia de ilusión que, de ser un suceso hermoso en el esperado alumbramiento de una nueva vida, ha pasado a convertirse en algo común y corriente por una sociedad cada vez más apurada, insensible y "apretada" que grita en el reclamo y la demanda de su prioridad, por "su espacio" y las oportunidades para el ejercicio de su propio existir.

Progresivamente hemos ido perdiendo la capacidad de asombro para los acontecimientos realmente importantes y hoy las prisas de vivir junto con la degradación de los valores sociales, morales y culturales de antaño, han dejado su posición de privilegio en la conducta de nuestra sociedad, para darle cabida a los sentimientos más "cool" en la superficialidad de nuestro entorno.

Vivir en el recuerdo es cosa del pasado, según los de ahora; sin embargo, habemos quienes vivimos empeñados en honrar en el andar del presente a nuestros antepasados por la gloria, la gracia, la entrega, la pasión, la dedicación y la devoción con la que llevaron sus vidas, esas que por amor dedicaron con gran entrega y responsabilidad (de esa de la cual las nuevas generaciones adolecen), a nosotros, sus retoños. Por ello, la mejor forma de recordar a nuestros seres queridos es llevando la vida, esa misma que nos obsequiaron, con respeto a Dios y en honor a ellos.

Hoy, in memoriam, es el Día de los Santos Difuntos, los que nos antecedieron en llegar a la frontera en el camino de la vida. Abuelos, tíos, padres, hermanos, sobrinos, hijos y muchos otros familiares, sangre de nuestra sangre que Dios ha llamado ante su presencia divina para vestir y renovar el cielo de sus cielos con sus mejores hijos; eso es, aunque no esté escrito, sin ninguna duda, una gran verdad.

Pero para nosotros los aún mortales, los que aún no hemos sido llamados a la divina presencia para entregar nuestra vida y acompañar a Dios en donde no existe el tiempo, nos toca en estos tiempos de Covid, desde lo más íntimo de nuestro ser, recordar a la distancia y desde el corazón a nuestros amados fieles difuntos.

Por ello quizás vale la pena reflexionar un poco y en lo personal le comento que celebro a mis familiares, a aquellos que ya se me fueron, todos los días de mi vida, honrando cada paso que doy in memoriam de ellos, de lo que fueron, de lo que son, de su amor, su compasión, su alegría, su inteligencia, su prudencia, su entrega, su pasión, su honor, su valor, su lucha, su humildad y su honestidad ante la vida. El ejemplo que me han dado todos ellos en el andar de sus respectivas vidas, son la mas hermosa guía para seguir andando.

Hoy, a pesar de nuestro pesar por su ausencia, el cielo está de fiesta y yo también en la tierra porque a pesar que sólo la vida nos separa físicamente, espiritualmente seguimos tan unidos como siempre, tan unidos por ese mágico manto de amor, ese genuino y auténtico sentimiento que le obsequia vida a la existencia. En paz descansen mis abuelitos, mis padres, mis tíos, mis primos y mis sobrinos que hoy gozan en el reino de los cielos junto con sus apreciados familiares, amigos y seres queridos estimado lector. Que así sea.

Por hoy es todo, amable lector, medite lo que le platico. Esperando que el de hoy sea un gran y productivo inicio de semana, nos leemos aquí mismo el próximo lunes.




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