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Impuesto a la carnePor: Zaira Eliette Espinosa Libros que suenanMiércoles, 10 de Marzo de 2021 02:20 a.m.

“Mi madre es cuidadosa. Dotada de su lucidez anarquista puede ser considerada una verdadera estratega de la sobrevivencia”. Diamela Eltit

Uno de los detalles que siempre me han sorprendido de la narrativa que aborda algún hecho histórico es precisamente la manera en que el lenguaje se vuelve un cómplice causa-efectos para evocar, para restablecer un orden indefinido de sensaciones. Un lenguaje transportador a aquellos lugares que a veces la misma historia quiere borrar. Los muertos no hablan…luego los cuerpos no hablan.

En mi filita de lecturas pendientes, se encontraba Impuesto a la carne, novela aguda que aborda la relación madre e hija con su cuerpo, con sus órganos vitales, su sangre, su miedo, esa intimidación de los médicos y sus fans, el control de las enfermeras, el desencanto con la patria, el  rencor al estado, el desprecio del gobierno, hacia el gobierno.

La destreza de la reconocida y multipremiada escritora chilena Diamela Eltit para referirse a la dictadura es una gran alegoría que involucra hospitales y laboratorios. Manipulaciones al cuerpo, a su resistencia, a la mujer que nace y renace en el parto: “Mi madre aseguró que cuando yo nací, ella también nació de nuevo”.

Eltit, volviendo al tema del lenguaje, estructura un relato de largo aliento, testimonial, en el cual la hija dice todo sin decirlo. Habla de la opresión o la marginación, pero señala en dirección a figuras anónimas, representativas, los médicos, esos que curan y son dueños de los cuerpos, la traición y el conflicto con el país.

“Los hospitales, la patria y cada uno de sus consultorios de la nación son conocidos también como el teatro del grito”.

La hija se encuentra al borde de huir, de la neurosis, de la muerte, al igual que su madre, pero que justifica cada minuto de su estancia por su lucha, su antagonismo a lo oficial, el deseo de denunciar y anhelar vivir después de ello. No suicidarse como la prima que no resistió concediendo. “Mi madre y yo tenemos mentes de archiveras anarquistas y escondemos esa condición en los pliegues que envuelven nuestra senilidad”. 

Esta es más que una novela de denuncia o crítica, involucra muchas temáticas relacionadas con las narrativas de la mujer, el paseo solitario de las mujeres que desde el nacimiento se circundan a los discursos patriarcales de los gobiernos. La colisión es auténticamente latinoamericana.

La obra de Eltit desde la década de los 80 ha sido una de las más representativas de la narrativa escrita por mujeres en el siglo XX. No se puede hablar de acercamientos a lo social o a lo político en sus novelas, porque hace más que aproximarse, Eltit hunde las teclas de lleno en ese gran espacio de resistencia, en el peso de su obra literaria.

Impuesto a la carne fue novela finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2011.

PARA LA FICHITA

Impuesto a la carne

Diamela Eltit

(Eterna Cadencia, 2010)


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