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Ignorancia y corrupción detrás del Bronco-dronMiércoles, 27 de Marzo de 2019 02:49 a.m.

Para salir de dudas sobre el Bronco-dron y tratar de “darle luz a la asamblea”, visité en San Antonio, Texas, la fábrica de un regiomontano experto en la construcción de estos artefactos. Se llama Alejandro Escárpita, es doctor en Ciencias de Ingeniería Aeronáutica y socio de la empresa Drone Tech UAV Corporation, que tiene un contrato de servicio y proveeduría con la US Navy, entre muchos otros clientes.

El contenido técnico de este artículo se basa en lo que me explicó sobre el controvertido nuevo jueguetito del que todavía es gobernador de Nuevo León, y los datos duros que obtuve los voy a contrastar con la opaca nebulosa que emana del ‘‘Bronco’’ y sus secuaces, tratando de justificar lo injustificado y de defender lo indefendible. 

Les platico: a pesar de que Escárpita y sus socios son referentes internacionales en la fabricación de drones, me dijo categóricamente que ellos nunca harían uno con las características del que fue adornado con el logo y los colores de la Fuerza Civil de Nuevo León. Jamás harían uno así si se los pidieran para realizar labores de seguridad e inteligencia. 

Los componentes del Bronco-dron son del mercado amateur. El motor no cuesta más de $3,000 dólares, el radio transmisor Futaba muy apenas sirve para alimentar los modelos de aeromodelismo. 

No en balde el proveedor oficial de esta compra del gobierno estatal es Jorge Llamas, un aficionado a esa práctica, aunque más adelante se supo que el modelo UAV-MX1 es fabricado en México desde el 2017 por la empresa Unmanned Technology International, USTI, según publicó ayer El Horizonte. 

Las funcionalidades de este artefacto dadas a conocer por Aldo Fasci –que ahora resulta que también es experto en aviones no tripulados– son propias de los modelos que venden los chinos, más para entretenimiento que para labores de seguridad e inteligencia. 

En la industria de los drones estratégicos –que así se les llama a los que cumplen funciones policiales o del ejército– no son las dimensiones, sino su capacidad de carga y su autonomía de vuelo los factores clave. 

El gobernador, su secretario de seguridad pública y otros funcionarios se han centrado en dar a conocer las dimensiones, tema baladí, como dice Escárpita. El Bronco-dron pesa 75 kilos, demasiado pesado porque todavía falta equiparlo con las tecnologías que se requieren para hacer inteligencia y seguridad desde el aire. 

Existe una correlación óptima entre peso y autonomía de vuelo para los drones estratégicos.   El estándar mundial es de 34 kilos de peso del avión, más 8 kilos de carga con una autonomía de vuelo de 40 horas. 

Se puede cargar 16 kilos, pero reduce su vuelo continuo a 8 horas, o 15 kilos con 12 horas de autonomía, y el estado del arte sería un aparato capaz de volar 50 horas en forma autónoma, sin embargo tendría que ir equipado con una cámara de alta tecnología con peso máximo 4 kilos. 

Una compra inteligente de estos equipos debe contar con funciones superiores en cuanto al sigilo con doble sistema de control, altitud máxima posible, no necesidad de entrenamiento de pilotos, redundancia de sistemas críticos, flexibilidad para escoger o intercambiar entre diferentes tipos de motor, preferentemente de inyección electrónica calidad UAV y no Futaba de avioncito, que se apagan si los subes arriba del parámetro, como es el caso del Bronco-dron, que en la práctica, si falla el operador lo va a tener que estrellar. 

Lo más caro en una compra como ésta es la pista, de lo cual nada han informado las autoridades estatales. Al dron de Fuerza Civil no lo van a dejar despegar ni aterrizar desde  el Aeropuerto Del Norte, y menos del Mariano Escobedo. 

En costo le sigue la cámara abordo, luego la estación de tierra, y el sistema de comunicación satelital o de radio módem, software de entrenamiento y realidad virtual. 

La operación anual de algo como el de ellos puede costar anualmente hasta un 70% del precio de adquisición. ¿Qué incluye el contrato del gobierno con su proveedor? Nadie lo sabe. Le pregunté a Escárpita qué le ve de malo a esta compra, y me respondió: “El cliente no tiene los conocimientos ni experiencia necesarios para saber qué compró y qué debería de haber comprado. ¿Checaron con la Dirección General de Aeronáutica Civil? ¿Con la Fuerza Aérea? ¿Lo pusieron a prueba antes? ¿Qué distancia máxima tendrá de transmisión? ¿Qué cambios de alturas y temperaturas soporta el motor? ¿De qué pista lo van a operar? Quién lo operará y le dará mantenimiento? ¿Cuánto costará eso? ¿Les darán permiso de volar arriba de la ciudad? No creo. 

Si esperan sigilo y alta resolución se va a llevar una desagradable sorpresa con ese modelo porque apenas están hablando de que tendrán todavía qué comprar la cámara.” Con un equipo como el que compraron, el riesgo de pérdida es muy alto y, además, como quieren usar los mismos criterios de operación que en Estados Unidos, Aeronáutica Civil de México no les permitirá volarlo arriba de la ciudad. “En Australia basta que sea bimotor y no pese más de 150 kilos para que un dron pueda volar sobre ciudades. En Sudáfrica piden un récord impecable de 1,000 horas antes de dar ese permiso. Las Fuerzas Armadas de México y la PGR utilizan sus propias reglas por razones de seguridad nacional. ¿Tendrá ese mismo permiso la Fuerza Civil para operar este dron?”, se preguntó Escárpita. CAJÓN DE SASTRE “Un fiasco más del ‘‘Bronco’’. Debería de treparse en ese dron y aterrizar en su rancho rosa de Galeana para que se ocupe de sembrar papas”, dice mi Gaby. 

placido.garza@gmail.com

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