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¿Iatrogenia, impericia o falta de ética?Jueves, 23 de Mayo de 2019 01:44 a.m.

Decía el “maistro” Torres, presidente fundador del PUP, que cada profesión tiene su manera de esconder sus pendejadas. Así, los arquitectos las decoran o revisten con acabados muy bonitos, los abogados les ponemos sellos firmas y las archivamos, pero que los médicos las mandan al panteón.

En fecha reciente se presenta en nuestra ciudad un caso del cual ha dado cuenta El Horizonte, donde una mujer con deseos de mejorar su apariencia física acude ante un médico, de quien luego sabemos no cuenta con la capacidad ni la preparación profesional para realizar el tipo de procedimiento en una cliniquita, un departamento adaptado con aparatos de quirófano, pero sin el soporte de una institución que pueda respaldar cualquiera de los riesgos que son normales en algún procedimiento quirúrgico. Sabido es que todos los organismos humanos pueden presentar diferente comportamiento o respuesta ante la presencia de medicamentos o sustancias a las que puede reaccionar de manera diferente, algunas –cómo puede esperarse– de acuerdo a los estudios realizados por los administradores de anestesia; ellos, como expertos, van dosificando la cantidad de medicamentos para que el paciente duerma, no le duela, etc.

Todo este rollo, para considerar que hasta en los lugares más controlados existen riesgos, razón suficiente para tenerle respeto a los procedimientos quirúrgicos diríamos bien ejecutados y en lugares adecuados.

Ahora, para estudio y reflexión: ¿Por qué acuden los pacientes con médicos que ofrecen “soluciones mágicas accesibles”?

Por un lado, ante la necesidad o conveniencia de los pacientes –en estos casos, femeninas– que desean mejorar su apariencia física, quienes buscan alternativas que sean viables a su bolsillo, a veces sin medir los riesgos normales ni los extra al acudir a una instalación deficiente y con personas que usurpan la profesión de cirujano plástico, sin contar con las certificaciones de los colegios especializados, probablemente ni regulados por la Secretaría de Salud. A esta mujer, deseamos que en paz descanse, y que su caso prevenga y ayude a otras personas que buscan atención médica para sus casos específicos.

Habrá que indagar en esta dependencia, que dirige el Dr. Manuel de la O, cuántas clínicas se encuentran en esta irregular situación y qué acciones preventivas –así como correctivas o sancionadoras– están realizando, toda vez que, de continuar estos procedimientos, existe riesgo para las personas, y sobre todo qué alternativas al respecto puede ofrecer el sector salud del estado para las pacientes que requieren un tratamiento de este tipo.

Por otra parte, con frecuencia nos enteramos que algunos hospitales “de prestigio” gratifican o motivan a qué médicos realicen diversas cirugías, como si se tratase de llenar quirófanos y cuartos de hospital teniendo metas como si se tratara de cualquier empresa de mercado, para aumentar las ventas y a quien participa en esas llenadas de hospital se les premia con guardias. Esa parte de la medicina comercial hace que se realicen cirugías no necesarias ni urgentes para el paciente, pero sí para los malos doctores y las empresas de servicios de salud. De estos casos conocemos varios, y también sabemos de médicos muy honorables que, al negarse a este tipo de prácticas poco éticas, los han despedido o ya no son parte del staff médico de esos hospitales. Aquí vemos una necesidad urgente de que los colegios de especialidades médicas se atrevan a denunciar estas prácticas y que las autoridades en la materia intervengan y sancionen.

He seguido el caso de un buen hombre quien tiene algunos antecedentes de salud y que gozaba de la amistad de cierto médico, quien un día le planteó la urgente necesidad de realizar una cirugía para quitarle un órgano que según el médico tenía cáncer, por tanto, era urgente la cirugía. Mi amigo le advirtió al doctor que quería otras opiniones y que tomaba un medicamento que adelgaza la sangre, que se debía tener en cuenta este tipo de antecedentes para cualquier procedimiento quirúrgico, pues existía el riesgo de que se desangrara, a pesar de la confianza y amistad el médico con su urgencia operó y como resultado se encuentra que el órgano que extirparon estaba sano, el reporte de patología lo confirmó, de manera que este bandido con bata blanca puso en peligro de muerte a mi amigo Nino Bolaños. Desde entonces se ha visto afectada la calidad de vida y requiere de muchísimos cuidados para mantenerse bien.

Sé que este caso se ha llevado ante las instancias legales y de buena fuente que todo apunta a que las autoridades judiciales puedan contar con elementos para dictar alguna sanción por Responsabilidad Médica.

Es tiempo de que la Fiscalía General de Nuevo León y, en su momento, el Poder Judicial actúen conforme a derecho y sancionen a todos aquellos que se aprovechan de su condición de médicos para inventar procedimientos en perjuicio de los pacientes y, obvio, en su beneficio económico.

Se requiere que algunos de estos bandidos pisen la cárcel y reparen el daño causado. Será entonces cuando regresen a ver qué significa la Ética Profesional y se apeguen al juramento de médicos.

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