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Hoy por mí, mañana por tiDomingo, 30 de Junio de 2019 00:00 a.m.

Asistí a un evento en la Cámara de Diputados con motivo del Día Estatal de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez, y me llamó mucho la atención el mensaje de este artículo: ‘‘Hoy por mí, mañana por ti’, y me dije: ‘‘este debe de ser un mensaje de un hijo para su padre. Lo que tú haces por mí hoy, es lo que haré mañana por ti, pues para mí es claro que lo que se siembra se cosecha’’.

Después, recordé un mensaje que recibí hace ya buen tiempo titulado Bonita forma de ver la vida, escrito por el ganador del Nobel de Medicina, el oncólogo brasileño Drauzio Varella.

En dicho texto, destaca varias reflexiones y recomendaciones que quisiera compartir con ustedes: Él nos dice: ‘‘nadie está sano después de los 50. Sanos están los jóvenes; los viejos tienen siempre uno o muchos achaques que son propios de la edad. De lo que se trata entonces es de envejecer saludablemente, esto es con los achaques controlados y sin complicaciones’’.

Después nos comenta su visión sobre la genética de los adultos mayores:  

‘‘Si quieres saber cuánto vivirás y cómo llegarás a esa edad, mira o recuerda a tus viejos. La carga genética es fundamental para establecer un pronóstico de vida. Quien tuvo cáncer o infarto antes de los 60 trasmitirá los genes a sus hijos, por lo que la probabilidad de desarrollar las mismas enfermedades se incrementa’’.

Me encantó su comentario sobre la primera ley de la termodinámica: no hay ‘‘lonche gratis’’ al decirnos: ‘‘Somos lo que comemos, dicen los naturistas y no les falta razón. Si además de tener carga genética te empujas tres o cuatro cucharaditas de azúcar en cada café que tomas, saboreas todos los pellejitos del pollo a la brasa y te relames con los chicharrones del fin de semana, estás convirtiendo las cañerías (arterias) de tu aparato circulatorio en el equivalente de una cañita de gaseosa chupada. Ergo, no hay buena circulación, no hay buena oxigenación; traducción: muerte celular o envejecimiento acelerado o prematuro. En consecuencia si quieres tener una vejez saludable, a partir de los 50 años cuida tu alimentación y deja de comer químico, mucha grasa. Ten un buen desayuno, un buen almuerzo y una pésima cena son la clave para equilibrar tu medio interno. Así que Aquaman, ¡deja de comerte un lomo saltado doble en cada reunión!’’. 

Pero nos dice: cuidado con el trago, pues ‘‘aparejado con la dieta está la bebida. Abandona todas las gaseosas, eso pueden tomar los jóvenes y con mesura, nosotros no. Todas las gaseosas tienen carbonato de sodio, azúcar y cafeína. A nuestra edad estas sustancias hacen zapatear al páncreas y al hígado hasta desgastarlos. Toma chicha, limonada, jugos. Hasta la cerveza es preferible, ya que se hace con agua hervida, tiene componentes naturales. Por otro lado, hay mucha evidencia clínica que demuestra que el consumo moderado de alcohol después de los 50 años mejora la calidad de vida, pues tiene tres efectos definidos: vasodilatador coronario, disminuye el colesterol y es un sedante moderado. En consecuencia y en forma práctica, a la hora del almuerzo o en la noche que llegas a tu casa y ya no tienes que manejar, zámpate un cocacho. Los licores más recomendados son el whisky, el vino rojo o el pisco puro. Y si lo haces en compañía de las personas que quieres, el efecto se duplica. 

Después, nos dice que no olvidemos que lo comido y lo vivido nadie nos lo quita, y ‘‘eso es absolutamente cierto porque todo se te quedará dentro, y cual retrato de Dorian Gray, tu cuerpo lo va a expresar en la vejez. Las malas noches, las palomilladas, los excesos de todo tipo van a hacerte la vida de viejo muy infeliz y no solamente a ti sino a tu familia’’.

Y lo termina con una recomendación personal excelente: ‘‘Traten de no perder (mientras tengan lucidez) el control de su entorno, eso significa, por ejemplo: yo decido dónde y con quién salgo, qué como, cómo me visto, a quién llamo, a qué hora me acuesto, qué leo, en qué me distraigo, qué compro, en dónde vivo, etc., porque cuando ya no puedas hacer eso te habrás transformado en un plomo completo, un lastre para la vida de los demás’’. 


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