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Herencia estresantePor: Javier Gutiérrez El momento presenteMartes, 23 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

Hace años asistí a una conferencia donde el ponente, un neurocientífico estadounidense, decía: “Nosotros venimos de unos lejanos antepasados que al menor ruido cuando andaban fuera de su cueva, como un rodar de piedras, un crujido de ramas, corrían despavoridos a meterse a su caverna pensando que se podía tratar de un tigre dientes de sable o algo parecido”. 

“Si bien es cierto -seguía diciendo- también había hace miles de años, los humanos que se quedaban fuera de la cueva, cortando flores, haciéndose collares con conchas o viendo las aves y eran devorados por estos depredadores, por lo que no venimos de ellos, sino de los ansiosos del grupo que lograron sobrevivir y transmitir sus genes, nuestros genes”.

Lo que describió en aquella ocasión este científico es muy importante porque nos dice que hace miles de años era absolutamente necesario detonar en un estrés explosivo para escapar de ser devorados, pero hoy en día ¿seguimos viviendo en ese mismo entorno?.

¿Hoy en día, es necesario detonar el estrés ante situaciones del trabajo, de la economía, de las relaciones interpersonales, que de una forma u otra generalmente se terminan resolviendo?. Seguramente estarás de acuerdo conmigo que, si hoy salimos de casa, hay más posibilidades de regresar a ella al final del día de lo que era probable para nuestros ancestros los cavernícolas.

Sin embargo, la realidad es que, si nos observamos un poco, nos daremos cuenta cómo no necesitamos un tigre dientes de sable afuera de la casa para estresarnos, nos basta con una cifra mayor a la acostumbrada en el recibo de la luz para estallar en cólera o tener que entregar el siguiente reporte con menor tiempo al planeado para desbordarnos en miedo. 

¿Y quienes ven esto?, nuestros hijos, esos ojos que no pierden detalle cuando estamos inmersos en nuestras novelas mentales y a veces nos descontrolamos delante de ellos, esta es la herencia que estamos dejando, y no necesariamente a través de nuestros genes, sino de nuestra conducta.

Cuándo te estresas… ¿comes alimento chatarra?, ¿fumas?, ¿bebes?, ¿te vuelves ansioso, enfadado, angustiado?, todo esto lo estás sembrando en la mente de tus pequeños o tus jóvenes, estás dejando una herencia estresante ya que al menor reto ellos habrán aprendido que es normal reaccionar con emociones desbordadas o acciones no sanas porque lo han visto de la persona “más sabia que conocen”.

De tal manera que tal vez vale la pena pensar si será necesario empezar a entrenar tu mente y la de tus niños o jóvenes con ejercicios que permitan mantener el equilibrio interior aún en medio de la tormenta.

Hasta el siguiente momento presente.

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