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Hay de mamelucos a mamelucosDomingo, 26 de Octubre de 2014 01:14 a.m.
Hay recuerdos dulces, muy dulces... así son los que dejaron aquellos días, cuando Patricio abandonaba su condición de cuadrúpedo y, sin poder ocultar el vértigo de altura, luchaba para dar sus primeros pasos. Era noviembre y llegaban los primeros fríos, por eso el pequeñín tuvo que resignarse a cambiar la ligereza de su atuendo veraniego por un bromoso aunque calientito mameluco. No le vino nada bien esta prenda a su empeño de conquistar la vertical, ya que el coeficiente de fricción entre sus pies y el piso se vio disminuido y los resbalones le complicaron su afán de convertirse en bípedo.

Yo lo veía caminar tambaleante, enfundado en ese afelpado mameluco... mientras tanto, mi memoria también daba pasos lentos hacia la historia que dio nombre a esa prenda invernal...

Fue costumbre de tiempos muy antiguos, en los reinos musulmanes, tomar esclavos para adiestrarlos en las artes de la guerra y convertirlos en una temible fuerza militar. Por ser mamluk, voz árabe que significa esclavo, de ahí quedó que a estos soldados en castellano los llamaran mamelucos.

De ellos escribió en 1457 Pero Tafur en su obra “Andanças e viajes”. En un párrafo, redactado en castellano de la época, se lee algo que con un poco de voluntad podemos entender: ”É yendo por las calles, veía muchas gentes de una parte é de otra, é dixiéronme que aquellos son los mamalucos, que acá llamamos elches (cautivos) renegados, una grant muchedumbre de gente. É éstos son los que el Soldán (sultán) faze comprar por sus dineros en el mar Mayor é en todas las provincias donde los xrianos (cristianos) se venden; é como los traen de allí, tórnanlos moros é muéstranles la ley é á cavalgar é jugar con el arco”.

Con el paso de los años, estos mamelucos se convirtieron en temidos mercenarios que ofrecían sus servicios al mejor postor. Así, grupos de ellos participaron con Napoleón en sus aventuras militares. Existe una famosa pintura de Goya que se llama La carga de los mamelucos (1814), en la que el artista retrata un episodio de la ira popular madrileña. El pueblo, mal armado, enfrentó a la más poderosa máquina militar del momento: el ejército francés. En el centro de la composición, un mameluco, soldado egipcio bajo órdenes francesas, cae muerto del caballo mientras un madrileño continúa apuñalándole y otro hiere mortalmente al caballo.

Muy característica era la vestimenta de estos mamelucos del Siglo XIX, de turbante y pantalón bombacho, muy cubiertos del cuello hasta los pies. En cierto momento, fue moda en Europa vestir a los niños con “traje de mameluco”. Así lo cuenta Benito Pérez Galdós en un texto de 1873:”También vi aquella misma tarde en el jardín al infante don Francisco de Paula, niño de pocos años, que jugaba de aquí para allí, acompañado de mi Amaranta y de otras damas; y por cierto que el infante saltando y brincando, con su traje de mameluco, completamente encarnado, me hacía reír”.

La moda infantil “amamelucada” llegó a América en pleno Siglo XIX, donde el nombre mameluco quedó asociado a una prenda de una pieza que cubre desde el cuello hasta los pies. En México, principalmente es en la que se enfunda a los bebés en tiempos fríos.

En el lenguaje coloquial hay otros mamelucos, personajes a quienes por eufemismo llamamos así para evitar decirles mamones, palabra que en origen, según el diccionario, nombra a los mamíferos que aún son amamantados. No sé porqué en México la palabra se hizo obscena, si bien visto es una bonita metáfora para aplicarla a quienes se comportan con inmadurez. Pero la sentimos tan fuerte que para evitar decir “no mames” (no seas inmaduro), en lenguaje de todos los días se oye decir “no manches”.

¡Qué cosas! De ser palabra primero asociada a la esclavitud, luego al terror provocado por mercenarios, mameluco es ahora voz tierna que nos trae la imagen de un bebé vestido de invierno. Rarezas del lenguaje.

Para terminar, una petición a los fabricantes de mamelucos de parte de la SBAB (Sociedad de Bebés Aspirantes a Bípedos): “No sean gachos, aparte de calientitos... háganlos antiderrapantes”.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:
Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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