icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Hay de dengues a denguesDomingo, 18 de Octubre de 2015 01:43 a.m.
¿Sabes qué significa ‘‘forlipona’’? ¿No?... Ni busques en el diccionario porque ahí no está. Forlipona es voz que se escuchó en México hace muchos años y ya para el Siglo XIX estaba en franca decadencia. Hoy sólo sabemos de ella por viejos textos, como estos versos que recogió don Joaquín García Icazbalceta en su inconcluso Vocabulario de Mexicanismos: “Ves aquella forlipona / más adornada que altar, / que conduce su persona / Con más dengue que una mona/ de las que saben jugar”.

La definición que dejó don Joaquín de esta palabra fue:“Señora que se da su importancia en traje y maneras”. Habrá, entonces, que imaginar a una dama muy emperifollada y de exagerada cadencia en el andar o mucho ‘‘dengue’’, como dicen los versos citados. Así eran las forliponas.

No es por desairar a estas damas, pero de ellas sólo nos interesan sus dengues; y es que da curiosidad saber si algo tienen que ver esos contoneos con la enfermedad transmitida por cierto tipo de zancudos o moyotes (del náhuatl moyotl: ‘‘mosquito’’) como dirían los laguneros.

En la España vieja, a los desplantes femeninos que buscaban llamar la atención los llamaban melindres y también ‘‘dengues’’; aquí cabían caprichos, “sangronadas” y “chiflazones”. Para tranquilidad de las mujeres y desencanto de los hombres, la edición actual del diccionario, con justicia, ya no considera estos atributos como exclusivos de las féminas.

En el Siglo XVIII se puso de moda cierto género de mantillas de puntas largas tan estrechas que apenas cubrían media espalda de las damas. A estas prendas, por ser un elemento de coquetería, las llamaron dengues. En México causaron furor y las damas las lucían en fiestas y paseos dominicales, con ondulatorio caminar buscaban que nadie se quedara sin admirar su dengue y de ahí quedó que esta palabra en nuestro país tomara también el significado de contoneo. Hay un poema de principios del Siglo XIX que justo se llama El Dengue, y nos dibuja una estampa de lo que hemos dicho. Aquí un fragmento: “Allá en el tiempo en que los dengues, / eran la grandeza y pompa, / y se aclamaban de lindos, / entre muchas damas bobas. / Era ley que a los fandangos, / fueren con su dengue todas / las que habían de hacer papel / porque era trage de moda”.

Pero, ¿qué tiene que ver la enfermedad con estos atributos que, según los antiguos, eran de naturaleza femenina? Un enfermo de dengue, que le duele hasta el esqueleto, en lo que menos piensa es en coqueterías, así que debe haber otra explicación.

Bien, según se publicó en el Glasgow Medical Journal de septiembre de 1881; en swahili, una lengua hablada en algunas regiones de África, el nombre completo de la enfermedad era “ka dinga pepo” que significa “ataque repentino de un espíritu maligno”. En 1827, la enfermedad llegó a las islas del Caribe, donde lenguas africanas se mezclaron con el castellano. A la palabra ‘‘dinga’’, los hablantes la asociaron con la voz española dengue, por lo que quedó esta palabra como nombre de la enfermedad. Incluso hoy, también en lengua coloquial llamamos dengue al mosquito que transmite el mal.

Cuando el dengue amenaza, hay que combatir a los zancudos que son quienes lo propagan. Vale entonces difundir un mensaje que corre en la red: “Cuando terminen de bañarse, séquense muy bien la barriga, ya que está demostrado que los zancudos se reproducen en la llantas viejas y húmedas”.  ¿Nos sabrán algo… o nos hablan al tanteo?
OpenA