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Hans Küng Por: Padre Francisco Gómez Hinojosa Siete PuntosJueves, 8 de Abril de 2021 02:00 a.m.

1. En julio de 1986, ya terminado mi doctorado en Roma, pasé por Alemania para despedirme de la familia que me había hospedado los dos veranos anteriores, y para trabajar tres meses en la Mercedes Benz, en el departamento de prensas. Con el salario ahí obtenido podía pagar mi boleto de regreso a México. Sindelfingen, en donde está la fábrica, queda a 30 kilómetros de Tübingen, sede de la universidad en la que Hans Küng era director del Instituto de Investigación Ecuménica, una vez que el Vaticano le había prohibido...

2. ... enseñar en su Facultad de Teología. Como la distancia era corta, solicité una entrevista con él y, especificado el tema del diálogo –las diferencias entre las teologías latinoamericanas y las europeas–, aceptó platicar conmigo. Me llamó la atención la amplitud del vestíbulo que daba acceso a su oficina, los amplios ventanales que dejaban pasar una luz casi agresiva, y el aire acondicionado que mitigaba el calor veraniego. Cuatro estudiantes tecleaban con ferocidad –después lo supe– investigaciones que el doctor Küng les había encargado. 

3. Una de las primeras diferencias entre nuestras teologías, le comenté, se manifestaba en su sala de espera: entre nosotros no existen las mismas facilidades materiales que ustedes tienen para producir pensamiento. Sentí que no me hizo mucho caso, pero salí complacido de nuestro diálogo por casi una hora. Años después –hacia 1995, no recuerdo bien–, mientras yo trabajaba como profesor e investigador en la Universidad Pontificia de México, supe que Küng estaría en la capital para dictar unas conferencias.

4. Asistí a una de ellas y me le apersoné al final. Aunque dijo, más con amabilidad que con firmeza, recordar nuestro encuentro en Tübingen, asumí que no era cierto. Lo invité a visitar nuestra universidad y aceptó conversar y cenar con algunos profesores y 

alumnos. Era agosto, y por las fiestas patronales de la entonces delegación Tlalpan –San Agustín es el patrono–, todas las noches se iba la luz. Así pasó cuando llegó Küng, y al arribar a mi habitación la escena era propia del realismo mágico latinoamericano.

5. Trabajaba yo en mi escritorio con una de las primeras laptop que tuve, que por fortuna contaba con buena batería, y ¡con dos velas al lado!, que iluminaban los libros que consultaba. Al ver el cuadro recordó la conversación alemana, y asintió con una sonrisa. Ahora tenía claras las diferencias estructurales que teníamos para producir teología. Me preguntó si la universidad tenía algún profesor de Oaxaca, lo localizamos, y al poco tiempo supe que el teólogo suizo-alemán había hecho un jugoso donativo para construir un hospital... 

6. ... en la sierra oaxaqueña. Küng fue un polémico rival de Ratzinger, una vez que rompieron su amistad hacia fines de los 60. Criticó acremente a Juan Pablo II y, creo, pasará a la historia con esta frase: "No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones; y no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas". Es curioso, pero Küng encontró más disponibilidad al diálogo con judíos y musulmanes que con algunos jerarcas católicos. Falleció el pasado martes. Que descanse en paz, pero que no descansen sus inquietudes.

7. Cierre ciclónico. Pena ajena. Onésimo Cepeda ha vuelto a las andadas. Mientras fue obispo se distinguió por su amistad con poderosos de la economía y la política, y acaba de anunciar su intención de ser diputado. Él sabe que tanto las leyes civiles como las canónicas se lo impiden –aunque ya no es obispo sigue siendo ministro de culto–; el partido que lo envalentonó también lo debe saber. Qué lástima que en medio de tanta llamarada político-electoral, un exobispo aparezca para atizarla y no para apagarla.

papacomeister@gmail.com

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