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Gracias Domingo, 28 de Abril de 2019 01:16 a.m.

Las palabras parecen planas, pero en una dimensión que no se ve, ocultan deliciosas historias que están ahí, esperando a ser contadas. Esa ha sido mi pretensión en estos más de cinco años de escribir esta columna en El Horizonte. Las voces electrónicas de algunos de ustedes comentando, sugiriendo, cuestionando y a veces felicitando, me hacen saber que ha valido la pena esta tarea.

En fin, creo que en este tiempo, juntos nos hemos sorprendido, nos hemos divertido y hemos aprendido a ver el lenguaje con ojos nuevos. Por eso hoy es momento de agradecer y qué mejor que hacerlo a nuestro modo… Explorando el origen de la palabra ‘‘gracias’’. En griego, karis podía significar ‘‘don’’ o ‘‘gracia concedida’’. De esta voz griega derivaron palabras como ‘‘carisma’’, que es un don y ‘‘carismático’’, el que recibió los dones. De la familia también es ‘‘eucaristía’’, que significa ‘‘acción de dar gracias’’. Aquí ya se percibe el  sentido de ‘‘agradecer’’. Al pasar al latín, karis se transformó en carus, y de ahí nació el adjetivo ‘‘caro’’, que es lo que está lleno de gracia, por lo tanto muy apreciado y muy valorado.

“Mi caro amigo”, le decimos a quien estimamos mucho. Y sí… si compramos algo muy apreciado (muy caro), seguro que tendremos que pagar mucho dinero. De ahí el sentido monetario que le damos hoy a esta palabra. También nació la palabra ‘‘caridad’’, que es “dar algo material a un necesitado sin esperar nada a cambio”. Ahora que si lo que damos es afecto, podemos hacerlo mediante una caricia que es otra voz de la misma ralea, como lo son ‘‘cariñoso’’, ‘‘cariño’’, ‘‘caritativo’’, ‘‘encariñarse’’ y algunos otros derivados. Al ir de boca en boca, la palabra carus sufrió un cambio fonético y se dijo cratus, pero muy pronto se suavizó y entonces se dijo gratus. De ahí se desprendería otra familia de palabras que guardarían los mismos conceptos: ‘‘grato’’, lo que da y hace sentir bien, y su opuesto ‘‘ingrato’’, lo que no da lo esperado; ‘‘agraciado’’ decimos al que se le han otorgado dones o dádivas, y su opuesto ‘‘desgraciado’’, al que le han sido negados. Y de lo que se daba por el puro gusto de dar, se dijo que era gratis.

A lo que nos regala el placer de la diversión le decimos que es gracioso y así esta palabra pasa ser sinónimo de ‘‘divertido’’ y ‘‘cómico’’. De esta misma línea surgió la voz ‘‘gracia’’, un perdón o un bien concedido, ahora sí que por obra y gracia de un benefactor. Sucedió que el beneficiado, como una fórmula de cortesía, al recibir la dádiva contestaba ‘‘gracias’’ como reconocimiento a que estaba recibiendo una. Así nacería ‘‘gracias’’, esta hermosa palabra que hoy usamos para agradecer. Ahora, ya con conocimiento de causa, puedo sin tapujos expresar mi agradecimiento a El Horizonte y a sus directivos que me concedieron la gracia de poder plasmar mis historias en este espacio durante estos años. Siempre agradecido también con tantos escritores de esta y otras épocas cuyos textos han sido ventanas por las que he podido asomarme al pasado. Pero las GRACIAS con mayúscula van para ustedes, estimados lectores, que son quienes le han dado razón de ser a estas letras. Arrieros somos y en el camino andamos… Nos volveremos a encontrar entre los andurriales del lenguaje. 


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