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Gobierno Justiciero Por: Óscar Tamez Política e HistoriaMartes, 16 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

La respuesta del gobierno federal a la decisión autónoma de un juez por otorgar un amparo que frene las reformas a la ley en materia de electricidad es propia de un "western", es una respuesta justiciera.

El término justiciero tiene dos aplicaciones, la de quien se rige por la justicia y la de quien ejerce la justicia por propia mano. Un justiciero es quien tiene el poder y las cualidades para ejecutar la justicia por su propia mano, aun por sobre la ley.

La justicia del justiciero no es la de la ley, se basa en su código moral, la que se conduce por el sentido de bueno y malo desde su personal apreciación. 

En los westerns de Clint Eastwood, Charles Bronson y otros estelares del cine, los justicieros son los héroes, los vengadores que cobran justicia contra los malos quienes son tan poderosos que no pueden ser prendidos por la justicia.

Un justiciero es un vengador, el personaje que todos quisiéramos cuando somos pisoteados por la autoridad, por un poder económico, político, militar o fáctico. En el caso que nos ocupa, el gobierno de la 4T es el malo y el justiciero, estamos a la voluntad de su poder absoluto e implacable.

La 4T es ese poder que abusa de su autoridad y pisotea la ley, el tirano quien ejecuta lo que para él es bueno, el problema estriba en que al mismo tiempo es el justiciero, el vengador.

Los tiempos de los monarcas donde aplicaban sus códigos de ética para la toma de decisiones en los asuntos de Estado, en México quedaron atrás hace 200 años.

La democracia republicana surgió para contener los abusos del gobernante justiciero, quien decidía sobre vidas y haciendas a su voluntad; con algunas actitudes del gobierno de Morena, regresamos a la etapa de gobiernos justicieros.

La división de poderes crea un poder legislativo donde el soberano a través de sus representantes hace las leyes para las cuales está dispuesto a someterse voluntariamente, por supuesto hay mecanismos de control para que el pueblo se revele ante la injusticia de los actos de gobierno, sea poder legislativo, ejecutivo o judicial.

La resistencia civil pacífica, las controversias administrativas, el amparo, las demandas y el derecho internacional son puertas por tocar cuando los ciudadanos o empresas, se ven atropellados por una decisión del poder.

Hubo amparos por la decisión que obedece ciegamente el poder legislativo ante la orden del poder ejecutivo. El mal es de origen, ya hay un poder soberano sometido a otro; ¿cuál es la razón? El Congreso de la Unión es de mayoría Morena y eso los somete, los sojuzga, los subyuga, ante el "jefe", su líder político.

Se rompió la soberanía, los diputados de Morena no son representantes del pueblo, son empleados, casi pistoleros "jurídico-legislativo" del poder ejecutivo.

Un juez se atreve a seguir el orden constitucional y otorga un amparo contra la ley eléctrica unilateral de Morena y sus diputados. En ese momento el gobierno federal olvida su obligación de respetar la ley... se vuelve justiciero.

Así tuviera la razón, no a la violación en la separación de poderes, no a que el gobierno federal se asuma justiciero y linche, difame, desprestigie al juez que concede el amparo.

Juan Pablo Gómez Fierro se ha convertido en insignia de la soberanía, en la causa para salvaguardar la democracia. La embestida dictada como sentencia de culpabilidad por el gobierno federal, obliga a defender la autonomía de los poderes.

Si cae Gómez Fierro habrá caído la justicia, la soberanía, la libertad, estaremos a merced de un gobierno justiciero quien lincha a quienes piensan distinto. ¡México pende de un juez!

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