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Clima
¿Fuga de cerebros?Miércoles, 14 de Agosto de 2019 01:27 a.m.

Un colega académico me escribió hace ya tiempo diciéndome: “Leí hace tiempo con interés las notas periodísticas que se publicaron sobre el comentario que hizo el subsecretario de Educación Superior sobre la fuga de cerebros (mexicanos que tienen educación universitaria de licenciatura o de postgrado) hacia los países desarrollados”.

En esencia dicen que, “ante la falta de oportunidades de empleo, miles de mexicanos con estudios superiores emigran hacia Estados Unidos, Canadá  y Europa; que esta fuga de cerebros limita el desarrollo económico, empresarial y educativo de nuestro país; que representa una sangría económica para el país, pues nos cuesta $45,000 pesos al año atender en una universidad pública a cada alumno inscrito; que esta fuga de cerebros continua creciendo”; en fin, que estamos perdiendo gente muy talentosa hacia el extranjero, concluye mi colega académico.

Para mí, le comenté a mi colega, existen dos tipos de migraciones, la externa hacia otros países de la que habló el subsecretario, pero también existe la migración interna, ésta es la más importante. Las muchachas y muchachos de diferentes lugares del país que van a estudiar en universidades de la Ciudad de México, Monterrey, Puebla y Guadalajara, quienes muchos de ellos se quedan a trabajar ahí porque reciben buenas ofertas de trabajo. La migración hacia donde están las oportunidades de trabajo o de negocio siempre ha sido una estrategia de las personas educadas y emprendedoras. 

Pero, por otro lado –que es lo que esperaba el subsecretario–, me dice mi colega, en México no los estamos contratando, no se les están ofreciendo sueldos tentadores. Un gran número de universidades tienen programas de intercambio con otros países, nuestras universidades locales tienen cientos de convenios de intercambio con universidades de casi todo el mundo. Es de esperarse que nuestros muchachos, al participar en estos programas, les guste ese estilo de vida y busquen ser invitados a trabajar en esos lugares. Y, sobre todo, los más listos son los que son admitidos a los programas de posgrado en Estados Unidos y en Europa. 

Por otro lado, también nuestros programas de apoyo al postgrado promueven que nuestros muchachos vayan a hacer esos estudios en el extranjero, donde pasan de tres a cinco años. Intuyo que las empresas de esos países visitan a las escuelas y los invitan a trabajar con ellos, ofreciéndoles sueldos francamente superiores a los que podrían obtener en nuestro país. Entre cinco y 10 veces más que lo que recibirían en México.

Intuyo también, estimado lector, que muchos de estos muchachos que trabajan en otros países son de los que envían las remesas en dólares que periódicamente reciben sus familias en México, apoyando –por lo tanto– al desarrollo económico del país y de sus familias. Y no debemos de olvidar que al menos 32% de ellos estudiaron en universidades particulares y, por lo tanto, quienes invirtieron en su educación superior fueron sus padres, a quienes tenemos que felicitar, pues además de pagar sus impuestos con los que se paga la educación pública en México, pagaron una segunda cuota al cubrir las colegiaturas de sus hijos en las escuelas particulares. 

Así que no nos asustemos por esta supuesta fuga de cerebros, preocupémonos –pero ocupémonos– en simplificar la normatividad y fortalecer los apoyos a las personas capaces de crear nuevas empresas, para que nuestros muchachos tengan oportunidades de trabajo relevantes y bien remuneradas en nuestro país; ocupémonos en fortalecer los programas de postgrado y de investigación relevantes para nuestro país, para ofrecerles mejores oportunidades de trabajo a los muchachos que tienen estudios doctorales. 

Sin olvidar que los que más sabemos, tenemos y podemos debemos ocuparnos en la creación de ese México digno y seguro, para que nuestros muchachos no se vean obligados a migrar a otros países. 

OpenA