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Clima
Frágil Sábado, 10 de Agosto de 2019 01:27 a.m.

Dícese que identifica a algo que se rompe o quiebra con facilidad, que es débil, que tiene poca fuerza o resistencia, que es endeble, sutil, flojo, delicado y sensible entre muchas otras cosas más. Es como se define al término aplicado en nuestro encabezado de hoy y que puede identificar el estado que guarda cualquier cosa.

Un contenido, una palabra, un gobierno, una acción, una condición, una reacción, un elemento, un estado de ánimo o de salud, y así cualquier cosa de nuestro universo particular puede ser complementado por el termino frágil para acentuar y otorgarle mayor definición a la descripción que hagamos de tal cosa. 

Podríamos citar un montón de ejemplos como la muestra: “frágil de palabra” define a un hombre que rompe su palabra con gran facilidad; “un gobierno frágil” describe a una entidad sin solidez para sostenerse así misma; una “reacción frágil” puede ser cualquier respuesta mañanera estilo Cuarta Transformación; “un elemento frágil” puede ser un vaso de vidrio que, por su propia naturaleza, es frágil, tanto como la existencia, como la vida misma.

Y no crea, amable lector, que estoy refiriéndome a la vida del cercano hombre indigente en precaria condición de calle, del desprotegido y rechazado migrante, o del enfermo y alejado africano que lucha con lo único que tiene –su vida– para sobrevivirla y, aunque es cierto que, como decía Cantiflas, ‘‘¡Venga! Que pa’ morir nacimos!’’, creo que no hay en el mundo quien en su sano juicio, tenga prisa por traspasar el umbral para llegar a ella.

Y es que, nos guste o no, la muerte es una condición ineludible para vivir la vida, pues algún día hay que terminarla al amparo de la fe particular de cada quien para ocupar un sitio en la eternidad celestial y, la mayoría de las veces también, en el olvido de quienes nos amaron sobre la Tierra.

Y es que, conforme uno va andando la legua, el camino se va estrechando pues, volteando hacia los lados, se da uno cuenta que ya no somos los mismos que comenzamos debido a que con el tiempo las ausencias van aumentando y las facultades físicas poco a poco se van mermando, los cuerpos también, poco a poco se van ensanchando, dilatando y caducando colocando en su fisonomía, la edad vivida que acumula el reflejo del tiempo pasado. 

Así, pues, aparecen las sienes nevadas, las líneas de expresión más acentuadas, el brillo en la frente más pronunciado, la ligera temblorina matutina y el inminente desplome de las cosas, desde el cabello, a todo el resto que una vez sirvió y en otros tiempos fueron atributos y atractivos de atracción y que hoy, ni como piezas de museo sirven para su exhibición.

Pero aún así, y a pesar de que el cuero se arrugue con la edad, parece ser que es la mente más hábil que el pellejo para eludir con cierta agilidad, el paso del tiempo y aunque éste trae generalmente consigo la madurez, la ausencia de una conciencia responsable, borra con mucha facilidad cualquier indicio de una veterana sensatez.

Y así tenemos, pues, a un montón de “parroquianos” temerarios que sin hacer caso a los obstáculos naturales propios de la edad, como si fueran unos chavitos se “la pasan muy cerquita” exponiendo su salud a la salud de una “cheve”, un whisky o un tequila, al cigarro o a la inactividad física o a la obesidad extrema.

Yo le pido a usted, amable lector, con todo el respeto que su atención y su lectura me merecen, no me tilde de loco si le pido que cuando se pare frente al espejo, más allá de pasar su mirada sobre los rincones de la vanidad, observe a profundidad y detalle el paso del tiempo y el cansancio en las arrugas de su rostro y en su cuerpo.

Cuando usted se detenga a ver estos detalles, podrá observar con claridad el nivel de madurez biológica al que ha llegado su cuerpo, aunque éste se encuentre atrapado en una masa musculosa de fortaleza física. Por su parte, la vida, esa que es tan frágil en la misma medida que el cuerpo que es el vehículo con el que hemos sido dotados para transitar este viaje, también requiere ejercitarse para fortalecerse y llegar de manera óptima a la madurez emocional, espiritual, psicológica y humana.

Por ello, estimado lector, por más seguros que pudiéramos estar de nosotros mismos en el sentido que el fin de nuestros días está tan lejano como a la vuelta de una apacible vejez que aún está por llegar, no hay que olvidar lo frágil que es la vida y esa condición nos hace simplemente vulnerables por la madurez física, emocional, espiritual y afectiva además de la experiencia personal que me facultan, le reitero encarecidamente y como cada semana que por favor disfrute la vida y al máximo a su familia.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, esperando que sea para usted un fin de semana pleno. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de los más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en Crack nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos taurinos” y aquí mismo el próximo sábado. 

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