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¿Fan?, o fanáticoDomingo, 20 de Octubre de 2013 02:00 a.m.
¡Ineptos!, ¡mediocres!, ¡zoquetes ¡… estos son los más suavecitos insultos que recibió la selección mexicana de futbol por sus malos resultados. Las injurias inundaron redes sociales, conversaciones de café y aún espacios informativos ajenos al tema deportivo.

Así de sensible se mostró nuestra sociedad ante la derrota de su equipo de futbol, sin importar clases sociales ni grados académicos. El agravio fue parejo.

Lo que sí es de anotar, es que en estas situaciones, las reacciones tienen sus matices.

Algunos, después de despotricar un rato, cierran el capítulo y pronto vuelven a su vida normal; pero otros, quedan atrapados por la frustración y son propensos a tener reacciones irracionales. Para establecer esta diferencia, es interesante ver cómo en el lenguaje se han acuñado dos palabras: fanático y fan.

En los fanáticos, la emoción desbordada gobierna sobre su razón adormecida. Los hay en religión, en política, en el arte y desde luego también en los deportes. Son personas que reaccionan con entusiasmo desmedido e irracional para manifestar su adoración por algún ídolo que puede ser un cantante de moda, un líder o partido político, una ideología o un equipo de futbol.

Pero, ¿por qué los llamamos fanáticos? La respuesta la encontramos en la antigua sociedad romana, en donde fanum era la palabra latina con la que designaban a sus templos.

Ahí había sacerdotes y sacerdotisas que, no sé qué humos respiraban o qué era lo que se echaban, pero solían aparecer como poseídos por espíritus inquietos. Por sus gestos grotescos, estridentes gritos, brincos y actitudes descompuestos, bien podían pasar por locos. A estos sacerdotes se les conoció como fanaticus, de fanum, como decir ´los del templo´. Quedó entonces la idea implícita de que un fanático es el que, para manifestar su idolatría por alguna divinidad, lo hace de una manera exagerada e irracional.

Hoy vemos cómo el fanático futbolero grita, sufre hasta la depresión, goza hasta el éxtasis, se pinta la cara, festeja de manera frenética y esa emoción desbordada lo convierte en un potencial actor de la violencia colectiva. Ellos se llevan la victoria o la derrota de su equipo a su vida diaria y esto influye en su productividad laboral o estudiantil y aún sus relaciones personales.

¡Ah, qué distinto es el fan!, voz que nació del acortamiento de ´fanático´ para nombrar a ese entusiasta seguidor que también goza y sufre con su equipo, pero que sabe poner límite a sus pasiones. Es el que entiende que la camiseta de su rival es lo que le da sentido a la suya y por eso lo respeta. Es el que no deja su felicidad en otras manos y menos en otros pies. Es el que cuando termina el partido, cambia de canal y prepara sus propias contiendas para ir en busca de sus particulares victorias.

Aunque ambas palabras tienen el mismo origen, para hacer distinción entre fanático y fan, la Real Academia Española ha incluido en el diccionario estas definiciones: “fanático: 1.Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas. 2.Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo” y “fan: 1. Admirador o seguidor de alguien. 2. Entusiasta de algo”. Ahora sí, como aficionados a un equipo podemos ubicarnos ¿somos fans?… o fanáticos.

Los dioses romanos se desmoronaron y el viento del tiempo los ha desvanecido. Hoy sólo son tema para las clases de historia. No así los fanáticos que han sido inmunes al paso de los siglos y si los dioses antiguos ya no están disponibles, nada más fácil que inventar los que hagan falta.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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