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Monterrey, NL
Clima
Examen de concienciaViernes, 19 de Octubre de 2018 00:07 a.m.

Amigas y amigos aficionados a la fiesta más bella de todas las fiestas, la fiesta brava, finalmente, hemos terminado el ciclo novilleril en nuestra Monumental Monterrey ‘Lorenzo Garza’.

Y antes de dar paso a la corrida del adiós en nuestra plaza, de dos portentosos toreros como lo son el ‘Ciclón de Jerez’ Juan José Padilla, luego de 24 años de carrera, y del tapatío Alfredo Ríos ‘El Conde’, tras 25 años de actividad profesional, quienes harán el paseíllo al lado del extraordinario rejoneador Andy Cartagena el próximo viernes 09 de noviembre de este año, para lidiar un encierro de la prestigiada ganadería de ‘Marrón’, es bueno platicar de nuestros novilleros locales que, en honor a la verdad, dejaron mucho, pero mucho que desear luego de sus respectivas actuaciones.

A los tres, Cayetano Delgado, Juanito Padilla y Guillermo Guerra, les conozco bien, les aprecio y debo de reconocer públicamente que les admiro por el sólo hecho de jugarse la vida al ponerse delante de los toros.

Pero luego de sus actuaciones en el pasado serial novilleril, es importante que cada uno se enfrente realmente a la verdad que hay dentro de sí mismos en un verdadero -y sin darse ‘coba’- examen de conciencia.

Ellos tres, que se han formado poco a poco a lo largo del tiempo, que para las filas novilleriles es muy corto, han mostrado cada vez, muchos avances en sus conceptos de torear, gracias a la enseñanza adquirida individualmente.

Sin embargo, unos con escuelas y otros por su cuenta, parece ser que estos chavales no se han dado cuenta de que el valor, la garra, el deseo, las ansias y el hambre de ser figura del toreo, no se compra ni se adquiere en la escuela taurina... ni con el mejor maestro del toreo.

Quizás usted pueda pensar que puedo ser duro con mis comentarios para con los muchachos, pero ellos saben de mi boca, que hay que echarle valor al asunto si realmente quieren ser alguien en el mundo de la fiesta de los toros. Nunca les he dado ‘coba’, porque los toros no lo dan, sino cornadas.

Su justificación por lo regular es la misma: “Son pocas oportunidades y nadie nos suelta vacas para ‘ponernos’ ”, sin embargo, podrán tener razón ellos o el que esto escribe, pero es el toro el que pone a cada quien en su lugar... y en este caso, han sido los novillos que les han tocado en suerte los que los han dejado expuestos en su justa dimensión, ante el poco aficionado conocedor y mucho público improvisado que asistió a estos festejos.

Hoy por hoy nuestra fiesta se encuentra muy disminuida por muchísimos factores internos y externos que son un fiel reflejo de la poca asistencia que se observa en los tendidos de nuestra plaza. Pero el común denominador entre el ser humano y la fiesta de los toros, es la emoción y el sentimiento de apreciar el temerario triunfo de la vida sobre la muerte, creando el arte efímero que se transmite a los tendidos para que brote la pasión.

Ese que se despierta a través del deseo, la garra, las ansias, el hambre, el valor, el coraje, la gallardía de los novilleros... que en esta ocasión, han adolecido de estos elementos.

El camino es muy largo y muy difícil, pero en estos tiempos, créame, es menos complicado que en épocas pasadas. Antes, sin la tecnología de ahora, los novilleros se inventaban a base de valor y pocos conocimientos, muchos y variados quites orillados por la necesidad de triunfar ante los que les salía en suerte por el toril.

Hoy, faroles, verónicas, si acaso chicuelinas... y en los casos extremos, las hoy en moda ‘zapopinas’ en situaciones meramente ‘controladas’, son el limitado repertorio ‘en serie’ con lo que son ‘fabricados’ estos chavales para administrarse.

Con la Muleta, el acotado repertorio abarca tan solo derechazos, naturales, muchas sonrisas y grito de “¡Vamo’ya!”, con el figurín erguido para pasarse los toros lo más retirado de la cintura alejando el peligro mañosamente para centrar la atención al temple en la acometida del muletazo que se pega ‘hasta la otra cuadra’.

Para ser figura del toreo se requiere mucho más que las mentiras y las apariencias de una cuenta de Facebook, con fotos de admiradoras alrededor, más que las fotografías de estudio o de desplantes fugaces de hombría reclamando el aplauso ante el aplomado toro o frases de auto engaño victimizándose para ganar ‘likes’. 

No chavales, para ser figura se requiere mucho más que esto, pero para partir desde el principio, hay que ser conscientes de que para andar en esto, se requiere valor, valor de enfrentarse a sí mismos con verdad para tomar la decisión de una vez por todas, si se quiere ser figura del toreo o simplemente, uno más de los del ‘montón’, de esos que tienen sus redes sociales, hasta el cogote de ‘likes’, y de esos -créanme- ya no caben en el mundo de la fiesta de los toros.

Por hoy es todo amable aficionado, no se olvide de que nos leemos el domingo en la sección editorial de El Horizonte... y en el momento que  Usted quiera en cabritomayor.com, pero en tanto esto llega, recuerde... ¡que Dios reparte suerte!


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