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Estrés día y nocheMiércoles, 3 de Julio de 2019 02:14 a.m.

Hace tiempo leí sobre un experimento social realizado por un psicólogo, entonces profesor de la Universidad de Stanford. Walter Mischel condujo estos estudios enfocados en la gratificación retrasada a finales de los años 60 y principios de los 70.

Aquellos experimentos incluían dar una recompensa inmediata a un grupo de niños, en forma de malvavisco o pretzel, y una un poco más grande si esperaban la recompensa unos minutos más. Las conclusiones iniciales de ese estudio y los detalles del mismo se usaron para ver cómo esos comportamientos influían en el desarrollo de aquellos niños una vez avanzada su vida.

Luego de unos años se concluía que los niños que eran capaces de retrasar sus recompensas eran más exitosos en distintos ámbitos de su desarrollo personal y profesional. Tiempo después se concluyó que era más bien el entorno el que determinaba esas trayectorias de vida y perdió fuerza la primera oleada de conclusiones.

Sin embargo, a lo largo de la vida he podido ver que detrás de alguien que sabe esperar, y por tanto posterga la recompensa, está una capacidad de autocontrol, de autodominio que es parte del perfil de inteligencia emocional de la persona, que a su vez tiene una probada afectación en la vida. Quien se conoce, es capaz de entender sus emociones y tiene las posibilidades de controlarlas y de ponerlas al servicio de la voluntad, que en teoría debería estar orientada al bien común. Hemos visto patrones de descontrol de las emociones que a su vez son disparados por excesos de tensión, por manifestaciones de ira o de otras emociones subyacentes y tal vez acumuladas que resultan en agresiones verbales o físicas en medio del tráfico o en otros ámbitos.

Cada vez son más frecuentes estas manifestaciones que terminan por convertirse en tendencia en el mundo de las redes sociales y que tienen consecuencias graves para los actores de las mismas. Este es un síntoma de algo más grande que está ocurriendo en nuestras sociedades.

Sin duda la tensión emocional causada por los factores del sistema social y el entorno en el que el ser humano vive no ha encontrado los cauces suficientes para ser procesado y se escapa en esas manifestaciones de alteración del comportamiento social y de intolerancia a la presión. Eso constituye un llamado a la conciencia de todos los que habitamos el planeta para robustecer los sistemas de atención a las emociones como fundamental para la mejor convivencia y bienestar.

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