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Estar en BabiaDomingo, 19 de Junio de 2016 02:15 a.m.
Cuando nuestra conciencia se ausenta por perseguir un recuerdo, se aleja cabalgando en una  idea o yace adormecida por el ensueño, los demás lo notan y entonces nos dicen que estamos en la luna, abstraídos, absortos, o –más coloquialmente– que estamos en Babia. Curiosa expresión que, por extraña, promete una buena historia.

La locución es de muy antigua. Ya la menciona Gonzalo Correas, en Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales, obra que publicó en 1627. Ahí, con su peculiar ortografía, escribió de ella: “Está en Bavia. Estava en Bavia: El deskuidado ke ni vio ni entendió algo”.

Indagando sobre el origen de la expresión encontré una historia que desde hace tiempo se replica en muchas fuentes. Palabras más, palabras menos, así la narran:  

Babia es un lugar que está en los mapas. Es una apartada comarca de la provincia de León, en España, que es poco fértil y bastante alejada de las zonas pobladas. En su territorio hoy se encuentran importantes pantanos de aprovechamiento hídrico.

Durante la Edad Media al parecer abundaba la caza en ese lugar y los reyes de León lo eligieron como punto de reposo. Muy apropiado para alejarse de los problemas de la corte y de las intrigas palaciegas de los nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de la Europa septentrional.

Las frecuentes ausencias del rey estresado motivaban a menudo la inquietud de los súbditos a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia.

La expresión se hizo coloquial y con sorna se dijo de toda persona distraída o que parecía ausente en el momento en que más se necesitaba de su concentración. Hasta aquí la historia que se cuenta.

La explicación parece convincente, pero –aunque he buscado con afán– no he encontrado fundamento que la legitime. Por eso creo que debe ser vista como lo que es, una deliciosa leyenda. Pero, entonces quedamos en las mismas, ¡¿de dónde surgió la expresión?!

Tengo razones para pensar que la locución “estar en Babia” nació simplemente por la desafortunada similitud fonética de Babia con palabras como: Baba, baboso, babieca y demás voces similares que son relacionadas desde antiguo con los tontos, que supuestamente tienen entre sus atributos el de
ser distraídos… y de ahí la relación.

Un buen argumento para dar solidez a lo que propongo es que en 1618 Juan de Jáuregui escribió la siguiente rima: “Bien pensarás, oh Lidia engañadora, que tu embustero corazón no entiendo cuando, rendido, finges que me adora; y porque no te acuso ni me ofendo, creerás que tu melosa voz me enlabia, y en necias llamas del amor me enciendo. Pues aunque fuera yo nacido en Babia, pudiera ya mi seso torpe y tardo juzgar que no me quiere quien me agravia”.

En este texto es claro que “nacido en Babia” se relaciona con torpeza y, no es raro que así sea, en el lenguaje popular se suelen hacer este tipo de asociaciones injuriosas, como pregonar que si alguien es de Babia, por lo tanto es bobo.

En cualquier caso, todos tenemos derecho de “estar en Babia” de vez en cuando y no precisamente por torpeza, aunque así lo parezca, dejar que por un momento nuestra conciencia se pierda persiguiendo un recuerdo, cabalgando una idea o adormecida por ensueño. Nada más no hay que abusar.
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