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Envejecer... Por: Jaime Claudio Pérez García Ruta de ColisiónMiércoles, 16 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.

Imperceptible en el día a día, pero seguro e inevitable, disfrutando o sufriendo. A medida que avanzan los años pierdes algunas cosas, como un poco de memoria (por el desgaste natural y la saturación de almacenaje) y algo de movilidad física (que se puede detener al ejercitar tus músculos) pero ganas otras como la paciencia y la serenidad, la experiencia e intensidad de los placeres, y las ventajas neuronales de seguir activo en la madurez. El hombre se hace joven en la senectud al convertir la edad en experiencias significativas. Eres viejo cuando aceptas que decidiste ser viejo, aunque al paso del tiempo las caídas y los fracasos deberían inspirar.

Los sueños de juventud se estrellan contra la realidad de la vida cotidiana, pues llega una edad en la que te ves caminando y de pronto te preguntas ¿a dónde chingados iba? Aunque hay ciertas muletas para superarlo, como: memorizar la primera letra del objetivo, relacionarlo con algo familiar, ubicarlo, numerar las cosas que vas a hacer, contar con los dedos, decirlo en voz alta, y leer y escribir. La pérdida de la memoria, en algún grado es una ventaja pues te permite liberar espacio de tu memoria y enterrar los malos y los buenos momentos que te hicieron ser quien eres, pues ya lo eres. Cargar el fardo de tu pasado puede ser un lastre que congela tu potencial y tu confianza al desvincularte con el presente. En este "envejecimiento activo" yo me veo haciendo tres o cuatro cosas a la vez, y ya que todo se mide en 30 o 50 años, y nada de lo que ocurre está aislado, la pregunta no es ¿cuántos años tienes? sino ¿de cuántos años te sientes?

Cuestiono esa idea de dar todo a los hijos –o lo que tú no tuviste– he comprobado que puede ser un error. Un viejo amigo y mentor me dijo alguna vez, "es bueno que los hijos sientan un poco de hambre y un poco de frío". Hoy los muchachos tienen todo, su propio auto, su propia habitación con vestidor y baño, aire acondicionado, dinero y la mejor ropa. Los míos no tuvieron tanto, y hoy que son mayores admiro su generosidad y consciencia. Entienden, como lo entendí yo que los padres aceptaron un compromiso y lo cumplieron con sus limitaciones, paciencia y amor. No podemos juzgar a los padres pues cada historia tiene su explicación.

La comodidad cansa y termina por aburrir, la austeridad en cambio despierta y afina la sensibilidad. No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. De joven, a los 15-16 años, otro amigo me platica que se iba a trabajar a otra ciudad, su padre lo llamó aparte y le dijo "no me gustaría que te corrieran por huevón o por pendejo, pero jamás aceptaría que te corrieran por ladrón". Nos enseñaron a ser caballeros, respetuosos de los demás y del orden, honrados y pacientes. Y no es que antes todo haya sido mejor, sólo que el honor, la dignidad y el respeto eran importantes. La confianza se pactaba únicamente con un apretón de manos.

Las mujeres envejecen de una forma diferente a los hombres, en mi muy limitada experiencia observo que su memoria es prodigiosa, se acuerdan de todo y conservan el sentido del humor, perdonan casi todo, son generosas, impulsan, inspiran y no pierden el instinto maternal ni su laboriosidad. Es una generalización inaceptable tratar de impedir que los adultos mayores salgan, no tiene sustento ni social ni de salud, son ellos bajo su propio riesgo los que deben decidir. Confiando en el propio instinto, nada puede impedir el éxito de la satisfacción tardía.

"Debes aceptar que envejecerás, la vida es valiosa y cuando has perdido a mucha gente te das cuenta que cada día es un regalo".- Meryl Streep.

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