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En Nuevo León no hay ningún felinoDomingo, 23 de Septiembre de 2018 00:57 a.m.

¿Qué relación hay entre Nuevo León, el nombre de nuestro estado, y el verbo leer?... 

Aparentemente ninguna, pero ya verás que cuando jalemos el hilo de la historia, aparecerán parentescos inimaginables. 

La historia empieza muy lejos, cuando se hablaba una lengua que fue madre del latín, del griego, del sánscrito y de muchas otras. De ella se puede adivinar la primigenia palabra “ leg”, que encerraba el concepto de “recoger, escoger”. De ahí, el latín formaría diversos verbos y palabras.

“Lignum”, era la madera que se recogía para alimentar los hogares (chimeneas) y que después pasó al castellano como “leño” y su variante femenina “leña”, literalmente “la madera recogida”.  También, derivada de “leg”, “legis” era una palabra del léxico religioso que en origen significaba “fórmula escogida para llevar a cabo un rito”; con el tiempo pasó al campo de lo jurídico y de ahí quedaron palabras como “legal”, “legislador” y “ley”, que se refieren a fórmulas escogidas para la buena convivencia social.

De esta familia, un prolífico verbo latino fue “legere”, cuyo significado fue el mismo que heredó de su raíz “ leg”, “elegir, recoger”. De ahí derivaron diversos verbos como: Elegir; colectar, que luego dio cosechar; inteligencia “capacidad de saber elegir”; negligente, de “nec-legere”, literalmente “el que no elige”.

Una hermosa metáfora derivada de “ leg”, es el verbo leer, que en latín era también “ legere”. La idea implícita es “recoger un significado de un texto”. Esto hace pensar que quien lee un libro y no recoge ningún mensaje de él, en realidad no lo leyó. Desde luego, en esta familia hay que incluir a palabras como: lectura, lector y lección, entre otras.

Cuando los militares romanos iban a los pueblos conquistados a recoger jóvenes para incorporarlos a sus ejércitos, usaban la palabra “legionarius”, literalmente “los recogidos”, el mismo concepto de la más moderna palabra “leva”, “los levantados”. Con estos jóvenes legionarios “recogidos”, los romanos formaban grandes legiones, que distribuían estratégicamente para mantener su dominio militar en las regiones conquistadas.

Sucedió que allá por el año 29 a.C. la poderosa legión VI Victrix, conformada por cerca de  6,000 soldados, se asentó en el norte de la península ibérica (hoy España) y ahí permaneció por poco más de cien años. Esto ocasionó que los pobladores empezaran a referirse a esa región como “la tierra de la legión”. Cuando el imperio romano fue viniendo a menos, la legión VI Victrix abandonó el territorio ocupado y poco a poco fue cayendo en el olvido, no así el nombre de estas tierras que siguió siendo “Legión”.

Los estragos que el tiempo hace en la memoria, provocaron que al ya no tener sentido el nombre “Legión” para nombrar los territorios del norte de España, los hablantes buscaran una palabra que les hiciera más sentido y así, de Legión, se dijo Leión, Lión y finalmente León. Territorio que se convirtió en el importante Reino de León en tierras españolas.

De ese lugar salieron Carvajal y de la Cueva y sus acompañantes para fundar en el norte de la Nueva España un extenso reino, que al rey Felipe II, que también era originario de León, le pareció bien que llevara el nombre de Nuevo Reino de León. Los avatares de la historia fueron modificando la extensión de este reino que ya en tiempos independientes pasó a ser un estado que conservó el nombre de Nuevo León.

Así que ya ven, en el nombre Nuevo León, que parece inspirado en la imagen hercúlea y rampante de un león que irradia fuerza y majestad, en realidad no hay ningún felino. De no haber sido olvidada la historia, hoy viviríamos en el estado de Nueva Legión.



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