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En la cosecha, Morena levanta tronco, molonco, caña y eloteMartes, 18 de Junio de 2019 01:58 a.m.

Cuando Pancho Villa tomaba un poblado que apoyaba a sus adversarios (él también les llamaba así y no enemigos, igual que “ya saben quién”), lo saqueaba y antes de irse ordenaba una “leva” o levantamiento, que consistía en reclutar a todo aquél varón mayor de 18 años que de esa forma pasaba a engrosar las filas de sus correligionarios. Bueno, a muchos de los que andaban arriba de esa edad y se negaban a sumarse a la revolución, los fusilaba.

Les platico: Esa que fue la época de la 3ª transformación, se parece a la autonombrada “4ª”, en que apenas empiezan a ser desmontadas las tarimas del mitin donde habla López Obrador en sus acostumbradas giras con sello pueblerino, un ejército de reclutadores “peinan” los alrededores para reclutar a simpatizantes a la causa de Morena.

Uno de los organizadores de tal despliegue logístico me confió hace unos días que de esa manera buscan aprovechar la euforia que produce la presencia del Presidente.

Los mismos dorados de Pancho Villa se quejaban ante su mando supremo que ese afán de sumar hombres a la causa era contraproducente, porque terminaban agarrando hasta puñaladas, esto es, de dulce, de chile y de manteca, que a las primeras de cambio terminaban bien cuarteados.

Pues un siglo o más después, los equivalentes a los dorados de Villa le dicen a su jefe máximo que no la amuele, porque Morena y sus brigadas de afiliación andan reclutando o levantando tronco, molonco, caña y elote.

El problema es que no entiende, porque la señal que reciben los “logísticos” es reclutar a toda costa al mayor número posible de personas de quienes asisten a las presentaciones públicas. ¿Requisitos? Que respiren, nomás que respiren. Así de “requisitosos” son los de Morena.

Y así, las filas del partidazo se van llenando de todo lo que el mercado ofrece. Lo mismo buenos, que regulares, malos y peores. El problema es que ya metidos en ese ambiente, los buenos se tornan regulares y los malos, peores.

A mi agobiado y oficioso confidente le pregunté si hacen lo mismo en los aeropuertos por donde pasan AMLO y sus comitivas y me respondió que lo intentaron, pero como que no hubo buena respuesta. “El perfil de la gente que encontramos en los aeropuertos no es el que les interesa reclutar a nuestros jefes”, me confió el muy claridoso.

Entonces, entiendo una vez más cuál es el tipo de gente al que López Obrador le quiere llegar:

1.- Los de respuesta fácil, por aquello de sus ingentes necesidades o de su escaso bagaje educativo, y –conste– no me refiero al de las aulas.

2.- Los renegados de otros partidos. Los que perdieron su “hueso” con los del “prian” –como les dicen los apóstoles del amloísmo– y anhelan uno que les permita seguir medrando del presupuesto.

3.- Los oportunistas de la fácil y no razonada respuesta.

4.- Los fanáticos que creen que al decir cualquier cosa sin fundamento alguno que les cruzó la mente, esa es su opinión y así lo dicen, “es mi opinión”, y la defienden como tal alzando la voz sin siquiera analizar y haciendo caso omiso de la opinión bien fundamentada que se les expone y que creen que por el simple hecho de decir las cosas con mucha seguridad en un tono alto –aunque sea una alta tontería– ya tienen la razón.

5.- Les interesa reclutar a quienes creen tener la razón por el sólo hecho de suponer algo o porque les gusta o disgusta tal o cual cosa.

6.- A los que creen conocer situaciones basados en un solo dato que alguien más ignorante que ellos les comentó o que leyeron en Google, cuando para conocer realmente dicha situación deberían de estudiar el medio millón de cosas que sucedieron durante los últimos 20 años, o más.

En la época de Villa, los que más duraban en sus ejércitos eran los más fregados, los que no tenían ni para comer y veían en “la bola” la forma de comer todos los días y tener dónde dormir. No le hace que no les pagaran; salían de gane si para vivir no necesitaban de los “bilimbiques” con los que las fuerzas revolucionarias “compraban” víveres y caballos en los pueblos por donde pasaban.

Entonces, “los cuadros” y las bases de Morena se están formando con leales a la causa del “amloísmo”, que ofrece prebendas al más urgido, al que no quiere perder su posición de víctima del sistema porque siendo eso, víctima, es lo único que necesita para que los ojos del Presidente se fijen en él y les tienda su mano benefactora.

No le hace que no contribuyan, que no trabajen; no le hace que no sean factor de desarrollo; no le hace que no quieran estudiar; no le hace que se hayan formado en la fila para entrar a la prepa o a carrera sin siquiera prepararse para un examen de admisión, porque ya los abolió la “4ª transformación”.

No le hace que no sepan discernir; con que sigan los dictados del adoctrinamiento político del Palacio Nacional es suficiente; no le hace que no distingan entre un político que piensa en elecciones y un mandatario que piensa en generaciones.

No le hace que no quieran exigir porque creen que al hacerlo le están fallando a su presidente. No le hace que en vez de discutir, agredan.

Esta es la nueva era del “no le hace” y es la que más cabida tiene en Morena y en las simpatías y prioridades de su fundador.

CAJÓN DE SASTRE

“No le hace, tú síguele”, me alienta la irreverente de mi Gaby.

placido.garza@gmail.com

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