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Clima
En el ojo del huracán Por: Javier Gutiérrez El momento presenteMartes, 26 de Enero de 2021 00:46 a.m.

En muchísimas ocasiones la vida es difícil y adversa, luchamos por salir adelante y a base de preparación y esfuerzo lo logramos. Pero bien sabemos que todo puede volver a caerse y debemos recomenzar.

Es bien sabido que en muchas ocasiones las adversidades no llegan solas, podemos vivir un problema económico que nos genera miedo y nos ponemos a la defensiva y al contactar con nuestra pareja explotamos por la desesperación vivida, esa discusión la ve nuestro hijo que corre asustado y nos da vergüenza y culpa caer en dicho comportamiento por lo que vamos directo al refrigerador y nos zampamos un gran trozo de pastel.

En pocos momentos podemos caer en un verdadero huracán de pensamientos negativos, de emociones aflictivas, de acciones dañinas para nosotros y los demás, y paradójicamente, para los que más queremos y comenzamos a caer en un espiral que parece que no tiene escapatoria.

¿Lo anterior te ha sucedido? Eso se llama estrés. Y desgraciadamente afecta a millones de seres humanos en lo largo y ancho del mundo y hoy en día, con el confinamiento que estamos viviendo por la pandemia es cada vez más frecuente y devastador, sin embargo, en medio del huracán, podemos encontrar la calma.

Sabemos que, en el centro del huracán, de ese fenómeno meteorológico arrasador hay un espacio de calma, de tranquilidad, el llamado ojo del huracán. Pues con cada uno de nosotros sucede lo mismo, en esos momentos de crisis existencial, donde nos vemos desbordados por los problemas, por emociones como la ira, el miedo o la tristeza, donde literalmente todo se vuelve gris para nosotros, existe ese mismo espacio de calma y tranquilidad.

Siempre está ahí, porque ese espacio es quien se da cuenta de toda la energía desbordada que nos envuelve, ese centro ecuánime es nuestra verdadera naturaleza, nuestra esencia y siempre está disponible para nosotros... porque... ¡es nosotros!

Cada uno de nosotros no somos esos pensamientos ni emociones, sino la consciencia que se da cuenta, y la consciencia nunca se enoja, ni se entristece, ni critica, ni juzga, solo espera pacientemente a que toda esa estructura mental que creemos ser se calme, y eso suele pasar, pero desgraciadamente y tal como un huracán después de dejar una estela de desastres a nuestro paso; relaciones rotas, trabajos inconclusos, adicciones y demás. 

Pero no tiene porque ser así, nosotros podemos evitar todo este desastre si volvemos nuestra atención hacia nuestro centro, si en el momento que nos sentimos desbordados, llevamos la atención a nuestra respiración y ahí aventamos el ancla para que nuestro barco no se hunda en la tormenta del estrés y esperar desde nuestro centro, respirando, a que la mente se asiente y el sol vuelva a brillar.

Hasta el siguiente momento presente.

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