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En el hoyo Por: Guillermo Fárber HueconomíaSábado, 3 de Noviembre de 2018 07:18 a.m.

Mi querido amigo escéptico me dice que mis advertencias sobre el colapso económico global inminente son simples “miadas de perro”. Bueno, entiendo que no quiera que esto esté pasando, pero me inquieta un poco que no lo entienda. En fin, oootra voz de advertencia es de alguien mucho más calificado que yo, Paul Volcker (91, economista reputado, cacagrande de la Fed 1979-1987 y asesor de primer nivel de Obama). Volcker acaba de declarar: We’re in a hell of a mess in every direction (estamos en un infierno de lío en todas direcciones).

A su edad, el gigantón Volcker ya no anda buscando quedar bien con nadie, y algo sabe sobre desplomes macroeconómicos. Como el que tuvo que enfrentar estrenándose en la Fed en 1979. “Las prensas de impresión habían estado apagadas durante gran parte de la década de 1970 mientras el motor económico chisporroteaba, fumaba y gemía. La economía se derrumbó bajo los precios de la gasolina, el desempleo sombrío y el bajo crecimiento. La inflación superó el 13% en 1979, y alcanzó un máximo por encima del 14% en marzo de 1980. El oro (un referéndum sobre el dólar) alcanzó los $850 dólares en enero de 1980 (hoy anda muy por arriba y está mega reprimido). ¿Conoces el término ‘estanflación’, que hasta entonces se creía ‘ontológicamente imposible’?”.

CURA DE CABALLO

Según Brian Maher, Volcker conocía la cura, como la conocen teóricamente todos los economistas serios (excluyo a los keynesianos, claro), pero la medicina que tenía en la jeringa era terriblemente dolorosa. La aplicó a pesar de las objeciones de todo mundo (el presidente Reagan, su jefe de gabinete James Baker, la clase política entera, la cúpula empresarial, los liderazgos sindicales, etc.). Como mandamás de la “independiente” Fed, hizo lo que ahora hace el nuevo jefazo de la Fed, Jerome Powell, a pesar de las objeciones de Trump (quien lo nombró). Elevó la tasa de los fondos federales a un imposible 21% en junio de 1981.

En comparación, la tasa de fondos federales hoy ronda entre el 2% y el 2.5%, y las hordas del dinero fácil gimen y exigen tregua o reversión para seguir inflando artificialmente a su gusto los valores de los activos financieros electrónicos (bonos, acciones, hipotecas, derivados, etc., ni siquiera de papel). Pero la medida de Volcker era la poción y la dosis adecuadas. El dolor a corto plazo fue agudo (como lo será ahora, multiplicado por diez). En enero de 1980, la economía estadounidense se hundió en una recesión. El desempleo escaló alturas récord. Pero la inflación cedió y Volcker probó su punto. De un 12.5% en 1980, la tasa de inflación bajó a 8.9% en 1981, y a un milagroso 3% para 1983.

El crecimiento sano se expandió hasta 1991. El mercado bursátil comenzó en 1982 un ciclo alcista que duró décadas. El oro cayó en un largo sopor que sólo terminó en 1999. Y ahora este Volcker dice que la economía está en un hoyo. Estas “miadas de perro” llegan cada vez más frecuentemente de las alturas, y son cada vez más molestas. Empiezo a sospechar que son menos desdeñables que efusiones de can.

LOS COSTOS

Pero volviendo al infierno de Volcker, quizás el mayor desastre en el que Volcker tiene sus ojos es el pantano de Washington. Aceptemos que no hay ninguna fuerza en la tierra que pueda resistir efectivamente, año tras año, contra el embate de docenas de miles de individuos y cientos de millones de dólares en el pantano de Washington, destinados a influir en el proceso legislativo y electoral.

Y don Brian le hace esta pregunta a míster Volcker: ¿no es la misma Reserva Federal al menos parcialmente culpable por esos cientos de millones de dólares hundidos cada año en el pantano de Washington? Sus políticas han inflado burbujas de activos fuera de toda proporción, cuya crema ha flotado hasta la superficie, engordando a sus recipientes. Luego se ha canalizado hacia el pantano, donde se ha utilizado para influir en el proceso legislativo y electoral. Ecos de Sor Juana: hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…

Volcker enfatiza sus críticas a la Reserva Federal por su absurda “meta” inflable del 2%: “Me desconcierta el razonamiento. Un objetivo del 2%, o límite, no estaba en mi libro de texto hace años. No conozco ninguna justificación teórica. ¡Y no hemos tenido ninguna deflación en este país durante 90 años!”. La única deflación en este país ha sido una implacable deflación del sentido común entre sus principales mentes económicas (Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Ben Bernanke, para nombrar sólo tres de los idiotas más destacados). El libre mercado está fuera de juego. Sólo los técnicos debidamente capacitados, ellos mismos (según ellos mismos) pueden jalar las palancas adecuadas y tirar de las poleas adecuadas, en el momento adecuado, para arreglar las cosas.

¿Pero fue el mercado libre el que acumuló $21 billones de dólares en deuda nacional?, ¿Fue el mercado libre el que creó anglotrillones de crédito después de 2008 para inflar la burbuja actual, la más grande burbuja de todos los tiempos?, ¿Fue el libre mercado el que generó la crisis de la vivienda, lo que provocó ese pánico, o por el contrario, la causa de ello fue la manipulación del mercado de la vivienda por parte del gobierno?

Podríamos continuar, pero no tiene caso. Mientras tanto, el mercado de valores se ha contagiado de gripe, los déficit se están hinchando, los mercados emergentes están en una mala situación, Europa sigue en problemas, la burbuja china que empequeñece incluso a las nuestras, muestra signos preocupantes, el Medio Oriente es un erial.

La conclusión es sorprendente: estamos en un hoyo.

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