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En busca de la dignidad perdida Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 12 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

Las elecciones en Estados Unidos se esfuerzan por dejar claro un hecho fundamental para la salud de las sociedades: es el pueblo el que tiene el poder, no los gobernantes. Esto se hace efectivo a través de las urnas. Esta forma de regir los destinos de las sociedades si bien dista mucho de ser un mecanismo ideal, si es al menos una forma de entendernos como sociedades libres que tienen una voluntad política y la ejercen conscientemente.

El pueblo de Estados Unidos se ha manifestado y ha decidido elegir a Joe Biden; sin embargo, hay para mí una lectura más profunda sobre lo que significa este cambio de gobierno en el vecino país del norte. Me parece que el pueblo estadounidense se ha decantado por la dignidad, por buscar esa dignidad que siente perdida a lo largo de la pasada gestión.

Los niveles de ansiedad social, de odio racial, de ira contra las minorías y de patriotismo trasnochado se dispararon a niveles nunca vistos en la historia moderna de este país. Ninguna sociedad merece estos niveles de locura social, ni la estadounidense, ni la nuestra, ni nadie. La sensación de ligereza y de alegría que se percibió en muchas partes de ese país con el triunfo de Biden responde a que una gran cantidad de personas se sintieron liberadas de una larga red de mentiras, rumores, ataques directos a la comunidad latinoamericana, afroamericana y otras que siempre estuvieron en el discurso. No es un secreto que los derechos humanos pasaron a segundo término, tampoco que la utilización de los medios de comunicación en favor de información falsa que sólo generaba rendimiento político más allá de su veracidad dañó profundamente el tejido social.

Me parece también que si la sociedad ha decidido dar un giro tan contundente es porque todavía hay quien cree que la forma más sólida de recuperar el tejido social es la búsqueda de la dignidad. Los últimos cuatro años la dignidad, esa forma de habitar el mundo convencidos de la visibilidad propia, de la seguridad del valor de la vida y de la posibilidad de generar un proyecto de autorrealización que nos de satisfacciones, quedó desbordada por los discursos de odio. Es momento de que cada mujer, cada niño, cada joven migrante, cada desplazado, cada persona que alguna vez se le haya etiquetado como marginal encuentre en la sociedad ese abrazo fraternal que luego sea expresado en leyes, plataformas y oportunidades. No podemos seguir con el entramado de crueldad que se cierne sobre nuestro tiempo desde hace ya tantos años.

No se trata de crear una comunidad idealizada que rehúya a los problemas, se trata de asegurar la dignidad propia; es decir, que resulte vergonzoso atentar contra ella. Es necesario hacer de nuestras comunidades sitios en los que las personas se encuentren en una posición de despegue y no de postración. Es necesario luchar vehementemente por recuperar la dignidad que entramados políticos, económicos, mediáticos, plutócratas y racistas han querido arrebatarnos de la manera más evidente. No hay futuro sin dignidad, no hay futuro sin reflexionar sobre el valor de la persona, no hay futuro si no luchamos por procurar la afirmación del valor de la vida sobre todo lo demás.

Es necesario asegurarse que la voz de una sociedad tenga espacios para hacerse efectiva, es necesario creer en la fuerza de quienes no se dejan someter por intereses puramente económicos o discriminatorios.  Es necesario ser valientes y dignos. La lucha por recuperar la dignidad perdida apenas empieza.

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