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Ella y Él Sábado, 13 de Abril de 2019 01:35 a.m.

Qué tan diferentes somos los hombres y las mujeres, que si somos de Venus y ellos de Marte, que si naranjas y toronjas, hay tantos y tantos documentos relacionados con el tema, y sin embargo no llegamos si quiera un poco a desentramar la verdad, leía hace unos días un artículo de Dra. Maite J. Balda. Psicóloga y doctora en Neurociencias Cognitivas, de la cual obtuve algunas ideas muy interesantes que les quisiera compartir en la columna de hoy.

Además de las diferencias biológicas, esas que notamos a primera vista, también nos damos cuenta de que hombres y mujeres presentamos psicologías diferentes en muchos aspectos. ¿De quién es más propio darle vueltas a un tema en la cabeza una y otra vez? ¿Y de quién quejarse desoladamente cuando está enfermo?

Estas descripciones estereotípicas hablan sobre las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres. Y es que no sólo nuestros cerebros son diferentes, también lo son nuestros procesos racionales y emocionales. Estas diferencias psicológicas, si bien tienen influencias sociales y biológicas, son independientes de ambos factores.

De hecho, hay hombres que piensan como mujeres y mujeres que piensan como hombres. Esta característica es independiente de la atracción sexual y es independiente del sexo con el que te identifiques. Esto hace que hombres, muy masculinos sean metrosexuales y que mujeres muy femeninas no tengan ningún interés en arreglarse. Es habitual, también, que una persona con psicología femenina busque una pareja con psicología masculina y viceversa.

La psicología masculina es práctica, funcional y repara poco en lo social. Con un objetivo en mente, deja de lado cuestiones externas y sensibilidades emotivas. La psicología femenina es más sentimental y social. Busca tener todas las cartas sobre la mesa y, si bien las mujeres también tienen algo en mente, buscan ser empáticas, calcular las percepciones sociales y tener en cuenta a todos a los que concierne. Esta es la explicación por la que ellas suelen querer limpiar la casa a fondo antes de tener visitas, arreglarse antes de salir de casa o comunicar algo difícil. 

Asimismo, podríamos definir la psicología femenina como más cauta. Teniendo en cuenta todas las variables, suele considerar de importancia, tanto las posibilidades negativas, como las positivas. La psicología masculina, por lo contrario, toma decisiones de mayor riesgo y mide si lo positivo es superior a lo negativo.

La psicología masculina busca resolver problemas. Cuando alguien les cuenta algo, inmediatamente ofrecen una solución. Muchas veces la psicología femenina lo que busca no es una respuesta de acción, sino sencillamente comunicar su situación. Esta percepción diferente de los problemas puede llevar a conflictos donde una persona de psicología masculina espera que una persona con psicología femenina le ofrezca una solución que no recibe, o donde una persona de psicología femenina recibe un consejo frustrante cuando todo lo que buscaba era apoyo.

Las mujeres que interiorizan su enfado y sus dificultades; están más predispuestas a deprimirse. Por otra parte, suelen pensar las cosas múltiples veces. En ocasiones, esto puede ser una gran ventaja, pero otras veces puede ocasionar espirales de negativismo.

La psicología femenina concede gran valor al elemento social en su vida. Las relaciones juegan un papel de enorme relevancia, por lo que, cuando algo no va bien, es común que les afecte mucho más que a aquellos con psicología masculina. Las personas con psicología femenina le dan tanta importancia al lado personal y social que suelen percibir este factor como primordial. Les es mucho más razonable pensar que el motivo detrás de las cosas se debe a factores personales que a factores externos como consecuencia, la probabilidad de que se consideren personalmente responsables y culpables es más alta.


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