OpenA
icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
El reinado de Jesús es con amor Por: P. Noel Lozano Las cartas sobre la mesaViernes, 20 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

Este fin de semana contemplamos la figura de Jesucristo que es el Señor y el Rey del Universo, Jesús Rey y Señor de la historia y del tiempo. El profeta Ezequiel pone de relieve que el Señor en persona busca a sus ovejas, sigue su rastro, las apacienta, venda sus heridas, cura las enfermas.

De la misma manera, el salmo 22 destaca el amor y misericordia del Señor, pastor de nuestras almas y guía en nuestros caminos. Pablo, en la carta a los corintios, subraya el poder de Cristo que aniquilará todo principado, todo poder y toda fuerza: "Cristo tiene que reinar y todos sus enemigos yacerán a sus pies. El último enemigo será la muerte". El evangelio nos presenta la venida definitiva del Hijo del Hombre que viene para separar a unos de otros, como un pastor separa a las ovejas de las cabras. El criterio que seguirá el Señor en este día será el criterio del amor: porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber... Los que hayan practicado el amor a Jesús y a sus semejantes irán a la vida eterna; los otros, al castigo eterno. Sí, comenta San Juan de la Cruz: "al atardecer nos juzgarán del amor".

La caridad será el tema del juicio, debemos hacer todo lo que está en nuestras manos para poner por obra la enseñanza de Jesús, especificada en las bienaventuranzas. Hay dos palabras importantes: "bendito" y "maldito". Serán bendecidos aquellos que buscaron vivir la hermandad en todas las circunstancias. Serán maldecidos aquellos que nos vivieron la fraternidad y sus criterios fueron el descarte y el rechazo. Es decir, atendamos hoy al hambriento, demos de beber al sediento, vistamos al desnudo, visitemos al enfermo y prisionero... en una palabra, practiquemos el mandamiento del amor.

Esta pandemia nos reta a vivir constantemente en examen de conciencia, y preguntarnos iluminados por la misericordia y la caridad, con este lenguaje que ilumina a todos los pueblos. Recordemos que en Babilonia hubo división y desconcierto, con Jesús se recupera la posibilidad de la unidad gracias al mensaje del amor. Piensa: ¿Responde mi vida al mandato de Jesús de amar a mis hermanos? ¿Realmente me interesa el bien espiritual y material de los demás? ¿Me preocupo por hacer algo en favor de los demás? Se trata de despertar el sentido de responsabilidad ante las necesidades ajenas. El pecado grave que podríamos cometer sería el pecado de omisión: hubiésemos podido dar de comer al que tenía hambre y no lo hicimos; hubiésemos podido dar de beber al sediento y no lo hicimos. No construyamos nuestra vida sobre deseos sin acciones, sobre excusas sin obras, sobre sofismas sin hechos. No se puede edificar la vida en una serie innumerable de pequeñas omisiones. Que en nuestro corazón no muera el amor porque al atardecer nos juzgarán precisamente del amor.

No podemos ser ingenuos y darnos cuenta que el mal aparece en el horizonte de nuestra vida. Vemos que en las relaciones internacionales, en la vida de los pueblos, en la vida familiar y en nuestro propio corazón, se insinúa y se presenta el mal. Ante esta dramática situación hay que responder con el bien. Ante la murmuración hemos de responder con la beneficencia; ante la calumnia y la injuria con el perdón; ante la violencia y la injusticia, con la caridad, el perdón y la justicia. No se puede combatir el mal con el mal, pues sería una contradicción. Al mal lo tenemos que combatir con el bien, con el amor. Ése es el camino al que hoy Jesús nos llama. Cuando el mal parecía envolver a Jesús por todas partes, recordemos que su amor y dignidad, su obediencia filial al Padre, su amor a los hombres venció sobre las potencias del mal y de la muerte. El amor, en Jesús, tuvo la última palabra y sello contundente de paz y armonía en la vida de todos los hombres. Jesús no reina de manera populachera, reina con encuentro marcados por el amor.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros.

OpenA