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El principio de todo Por: Guillermo Fárber HueconomíaSábado, 24 de Noviembre de 2018 07:23 a.m.

La historia la he contado muchas veces. Por razones político–personales, durante la primavera de 1994 escogí exiliarme durante un par de semanas en Texas. En una librería me topé con este libro: Bankruptcy 1995: The Coming Collapse of America and How to Stop It (Bancarrota 1995: el inminente colapso de EUA y cómo detenerlo). El libro me abrió una ventana inesperada: el imperio que yo creía indestructible y eterno, no solo “podía” quebrar, sino que ya había quebrado. Desde entonces, mi destino ha sido cronicar el desplome financiero global y ganarme el título de catastrofista.

Ahora leo esta reseña del desaparecido economista y empresario William H. Peterson (1921-2012).

“Algo por nada. Un almuerzo gratis. Gobierno como Santa Claus. ¡Qué seductor! Esto es el centro del gobierno moderno: la planificación central, la financiación del déficit y un historial de derroche y desperdicio. El autor del libro, Harry E. Figgie, Jr., jefe y dueño de un conglomerado empresarial internacional importante (y quien vio de cerca, como soldado gringo en Alemania, los efectos devastadores de la hiperinflación), comparte la tesis de que el intervencionismo gubernamental y la planificación central son un juego de suma cero (si no de suma negativa). Que el gobierno no tiene nada que dar excepto lo que primero toma de otros, que el almuerzo puede ser cualquier cosa y en cualquier lugar, siempre y cuando sea gratis. El libro sale cuando una nueva administración entra en Washington (1993, Billl Clinton, hace 25 aaaaaños)”.

SEGURIDAD NACIONAL

“La seguridad de nuestro país depende de la integridad fiscal del gobierno, y la estamos despreciando”.

El libro, con docenas de tablas y gráficos, ilustra el crecimiento de la deuda de EUA, en ese momento de $4 billones de dólares. Hoy es más del quíntuple, de casi $22 billones, con unfunded liabilities (básicamente pensiones y gastos médicos) por $222 billones más. Declaraba entonces el senador Rudman: “Estamos en guerra económica. La riqueza de nuestra nación se está agotando porque nuestro gobierno continúa acumulando déficits récord y, para financiar sus obligaciones, nos pone a merced de prestamistas extranjeros. La seguridad de nuestro país depende de la integridad fiscal de nuestro gobierno, y la estamos desechando”. Mucho antes que Trump, conste.

“Figgie condena la política del intervencionismo, del almuerzo gratuito y cuenta cómo Estados Unidos se metió en este lío. Como dijo Reagan, el gobierno es el problema y no la solución, y la planificación del gobierno es un oxímoron (figura literaria que consiste en combinar dos expresiones de significado opuesto en una misma estructura, con el objetivo de generar un tercer concepto con un nuevo sentido. Su etimología muestra que se trata de una palabra compuesta de dos términos griegos, cuyos significados aproximados son agudo y tonto, dos términos opuestos: placer doloroso, oscura luminosidad).

La ley de control del presupuesto equilibrado de 1985 (Ley Gramm–Rudman–Hollings), para controlar los excesos presupuestarios, fue un fracaso rotundo. El déficit objetivo Vs. el déficit real (miles de millones de dólares) fue pavoroso: 1987, $144 vs $150; 1988, $108 Vs. $155; 1989, $72 Vs. $54; 1990, $36 Vs. $221; 1991, $0 Vs. $269. En 2018 el déficit estimado será de $1,000 billones.”

Figgie condena lo que él llama “presupuesto del presupuesto”, un lenguaje de Washington u orwelliano (o cantinflesco) en el que sí significa no y una reducción del presupuesto resulta ser un aumento del presupuesto. “A fines de 1990, por ejemplo, el Congreso informó que su famoso ‘presupuesto de compromiso’, en el que el presidente Bush sénior rompió su promesa de ‘no-new-taxes-read-my-lips’, produciría un ahorro de 2.4% en 1991 y de 4.8% en 1992. Cifras que fueron un auténtico espejismo. ¡Pero que nadie le reclamó! La culpa compartida de quien le detiene la pata a la vaca.

¿Ahorros? De ninguna manera. Recuerda el dictum del vicepresidente Cheney: los déficit no importan. Los desembolsos reales aumentaron 11.1% en 1991, 16.2% en 1992 y así cada año subsiguiente. ¿Cómo liberarse de esa trampa? Reducir los gastos; no aumentar los impuestos ni monetizar la deuda, aconseja Figgie. ¿Y qué hicieron Clinton–Bushito–Obama, 24 años al hilo de irresponsabilidad desatada? Todo lo contrario, especialmente al cometer un pecado inimaginable para generaciones de economistas anteriores: monetizar la deuda (lo que el banco central prometió no hacer) a unos niveles previamente considerados imposibles de decenas de anglo trillones de dólares.

El pronóstico es que el monto de los intereses pagados, que ahora supera los $500,000 millones anuales, se convertirá pronto en el elemento más importante del presupuesto federal, superando los desembolsos para el Pentágono o la Seguridad Social.

COMPLICIDADES

Pero se necesitan dos para bailar: el político y el votante ansioso por obtener su parte del botín, del lunch “gratis”. La triste verdad es que la única manera sana de obtener más y mejores beneficios es ganarlos. Pero no hay político capaz de decirlo, y muy pocos ciudadanos son capaces de aceptarlo. Es mejor hacer como que no hay problema, ir barriendo la basura bajo la alfombra y fingir que el cerrito (una verdadera montaña, en realidad) no existe, hasta que el elefante rosa de siete toneladas ocupe casi todo el espacio de nuestra sala y nos obligue a rodearlo, haciendo como que no hay nada ahí.

Desde que Reagan llegó al poder en 1981 (y triplicó la deuda nacional, de $0.9 a $2.6 anglo trillones), EUA ha tenido presidentes que han gastado cantidades cada vez mayores de dinero para aferrarse al poder y comprar votos (4 republicanos y 2 demócratas). Esto ha producido la creación de dinero más extraordinaria de la historia. No son sólo los bancos centrales los que imprimen–teclean dinero. Los gobiernos que toman prestadas grandes cantidades de dinero también realizan una función de impresión, ya que el dinero se crea de la nada. Y aún peor que eso, el gobierno de los Estados Unidos no tiene la intención ni la capacidad de pagar la deuda con dinero real.

La deuda de EUA sólo se podrá desvanecer cuando el país deje de servirla. Dado que no hay otra forma de erradicar esta deuda, está matemáticamente asegurado que en los próximos años se producirá un incumplimiento o moratoria por parte de EUA. Pero antes de ese infortunado tropiezo, la Fed y el gobierno gringo inundarán la economía mundial con dinero lanzado a chorros por los jets más grandes, ya que el dinero lanzado por los helicópteros será insuficiente. El dinero de los jumbo creará una hiperinflación, pero nunca pagará la deuda, ya que todo lo que puede hacer es aumentar la cantidad de deuda pendiente, de anglo trillones de dólares a anglo cuatrillones, a anglo quintillones, etc. El tremebundo poder del crecimiento exponencial, que no lo ves… hasta que lo ves. Y cuando no puedes no verlo, ya es demasiado tarde.

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