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El placer culposo Por: Roberto Navarro Crónicas de un comelónJueves, 14 de Enero de 2021 02:00 a.m.

La culpa quizá sea un sentimiento tan viejo como los mitos de nuestra creación. Después de sucumbir a la tentación de la serpiente, Adán y Eva sentían vergüenza de presentarse ante Dios, para algunos, podría interpretarse como pudor, pero también podríamos verla como la culpa por haber desobedecido.

Después de miles de años de alimentarnos de manera funcional y hasta frugal, los antiguos griegos y romanos cambiaron la relación que tenemos con la comida, para convertirla en algo sensual y placentero. Con esto, llegó también el exceso romano llevado al extremo de vaciarse el estómago para seguir comiendo y en algún punto del camino, la culpa se involucró con la comida.

Cierto, la culpa, o al menos la de índole religiosa, no está asociada a la comida per se, sino a los excesos, o a evitar consumir alimentos que puedan ser nocivos para nosotros o de plano percibidos como poco higiénicos. Así podemos explicar que la gula sea un pecado, o por qué algunas religiones evitan el consumo del puerco.

Pero incluso para aquellos que no practican religión alguna, existe el concepto del placer culposo. Aunque a diferencia de la culpa por la religión, el placer culposo puede consistir en casi cualquier cosa, dependiendo de cada quien.

Para algunos, es culposa la visita al refrigerador a altas horas de la noche, para otros la garnacha callejera. La bolsa de botana o la golosina que nos quitaron en la dieta. En otros casos es simplemente el aventarse un bocado más después de sentirnos llenos.

En el negocio de los cocineros  como en aquellos círculos de los que aprecian el buen comer, el placer culposo suele ser asociado a aquella comida que no cumple con ciertos estándares. Como si no fueran los cocineros encamotados algunos de los que peor comen cotidianamente.

En mi caso personal tengo una curiosidad casi compulsiva por probar productos nuevos. Prácticamente de cualquier cosa, botanas, refrescos, dulces golosinas, etc. Les diría que en general de las cosas con los nuevos sellos, pero ¡casi todo los trae!. Por cierto ¿no es este nuevo etiquetado una forma de inducirnos al sentimiento de culpa también?.

Al fin cada quien es dueño de su persona y su tripa, debemos procurar el balance en nuestros hábitos y cuidarnos. Si evitamos caer en situaciones que nos hagan daño, es perfectamente válido darse un gustito de vez en cuando. Lo valemos. Me quedo con las palabras de Mario Batali cuando le preguntaron por su placer culposo: "No creo que darse un gusto debería ser culposo".

¡Provecho!.

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