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Monterrey, NL
Clima
El peligroso hábito de dormir en las tardes Por: Eloy Garza Latitud Jueves, 14 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Este hábito lo siento muy alejado de la gente de Monterrey y en general de México, a excepción de los veracruzanos, que sí suelen sestear en sus hamacas, arropados por la brisa del mar y el grácil revoloteo de los zancudos.

Yo prefiero dormir en la noche, a pierna suelta, como suele decirse. De ser posible, con la pistola colgada de un clavito, en el respaldo del camastro, como dormían antaño los rancheros, por lo que se ofreciera. Aunque yo no tengo pistola.

Digan lo que digan, la siesta es hábito que no deja nada bueno. Por cumplir la siesta, los mexicanos perdimos la mitad del territorio. El General Santa Anna se echó un "coyotito" con su tropa, cerca del Río San Jacinto, y le cayeron los texanos: 16 de abril de 1836.

Por cumplir la siesta, a una tía mía la picó un alacrán y murió fatalmente (mi tía, no la alimaña): 14 de agosto de 1971. Un descuido igual de triste que el de Santa Anna. Los texanos y los alacranes andan siempre con el ojo pelón. Y por ende les ganan la partida al retozón general Quince Uñas y a mi tía (que también era generala pero para roncar plácidamente).

También hay argumentos que contradicen el mío. Hace unos años fui a Grecia. Navegué a Samos. A 19 kilómetros, al sureste de esa isla, está otra más pequeña: Icaria. Quise conocer ese pedacito de tierra para revelar un milagro: los habitantes de Icaria suelen vivir 90 años en promedio. Quizá este prodigio esté vinculado a otro: en todos los comercios de Icaria, cuelga un letrerito que dice (en griego): "cerrado diariamente de 1:00 PM a 5:00 PM". ¿Por qué? Simple: porque los comerciantes duermen la siesta.

Sin embargo, los icarianos son gente floja, alegre pero floja, que prefiere aguantarse las ganas de ir al baño, para no caminar hasta la taza. Además, si los icarianos restan a su vida las horas que se la pasan dormidos, resulta que su promedio de vida activa se reduce a 60 años. Yo no voy a pasar tantos años en el catre, si puedo pasármela en un bar, con mis amigos tomando un whisky (bueno, era mi costumbre hasta antes de la pandemia). Por ejemplo, este artículo lo escribo para El Horizonte, en la tarde, mientras mi perro Mito desaprovecha su tiempo durmiendo a mis pies. Por eso Mito nunca será periodista (aunque francamente no estoy tan seguro que eso sea malo).

Ahora bien, si con todo y lo que acabo de escribir, te da sueño y quieres echarte un "coyotito": adelante. Sólo prevente. Cuelga una pistola del respaldo de tu cama, agarra una chancla para apachurrar alacranes y deja a la mano un matamoscas para los zancudos (si vives en Veracruz). Y de pasadita te mando a Mito que también es un león para eso de dormitar en los atardeceres.

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