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El ´otro´ camino al éxito en el tenis: la Universidad Por: Alfredo Ramírez Tenis a FondoLunes, 22 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

La historia de Jennifer Brady envía el mensaje de que no hay un sólo camino para llegar a la élite del tenis. La jugadora estadounidense se convirtió este fin de semana en la primera exjugadora universitaria femenil en llegar a la Final de un torneo de Grand Slam desde Kathy Jordan en 1983. Brady tiene una trayectoria de vida personal y deportiva muy distinta a la de la mayoría de las jugadoras top del tenis varonil y femenil, pero que muchos ya están tomando: cursar primero una carrera universitaria y después dedicarse al 100 por ciento al tenis profesional.

Existen otros casos similares al de Brady, como Danielle Collins, Nicole Gibbs, Astra Sharma, John Isner, Kevin Anderson, Steve Johnson, los hermanos Mike y Bob Bryan, entre otros más, que primero pasaron por las aulas y al graduarse llegaron a los más altos niveles del profesionalismo.

En el tenis de Nuevo León también hay grandes ejemplos como Enrique Abaroa, Rafael Rangel, Melody Falcó, Fernando Sierra, Antonio Ruiz, y muchos más, que ahora son profesionistas exitosos.

Históricamente ha habido pocas tenistas que, después de jugar colegial en la NCAA, logran llegar a un alto nivel en la WTA, sin embargo, y aunque no es algo inaudito, cada vez más lo están logrando.

En el caso de Brady, llegó al Abierto de Australia en el lugar 22 y alcanzará el lugar 13 después de llegar a la Final, logro que ella misma considera se lo debe a la madurez que adquirió jugando colegial para la Universidad de California en Los Ángeles.

"La mayoría de las jugadoras tienen una carrera juvenil bastante exitosa y luego ascienden jugando Challengers y eventualmente Grand Slams, pero yo fui a la universidad. Para mí fue lo mejor que pudo haber pasado", dijo Brady en una entrevista para la página oficial del Abierto de Australia.

Y es que Brady no fue la típica adolescente sensación del tenis que toma la decisión de jugar profesional a corta edad, de hecho no había jugado un Grand Slam a los 21 años y consiguió su primer título profesional el año pasado, a los 24 años.

Cursar una carrera y jugar tenis colegial, de acuerdo a la propia jugadora, le ayudó a madurar fuera de la cancha, conocer otro mundo distinto, a descubrirse como persona y salir del caparazón que representa para muchas mujeres este deporte, en el que los entrenamientos, viajes, academias y una cancha lo es todo en la vida.

Mucho ha ayudado a esta decisión a la longevidad del tenis actual, en el que muchas jugadoras pueden mantenerse en la élite pasados los 30 años de edad, uno de los principales cambios en los últimos 15 años.

Así, los circuitos de la ATP y la WTA se están llenando de ex estrellas colegiales que con la madurez que adquirieron en las aulas con la presión de compaginar estudio con deporte le están imprimiendo otro sello al tenis.

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