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El México, el Nuevo León y el Monterrey deseadoPor: Ramón de la Peña Manrique Mis reflexionesViernes, 5 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

Hace ya buen tiempo me tocó participar en la definición de un bonito sueño para Monterrey patrocinado por Cemex y Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma titulado Monterrey 2020, en el cual se quería definir la Visión Futura para nuestra área metropolitana en su 400 aniversario. 

Participó un buen número de personas, quienes, a través de un proceso de planeación, concluimos que queríamos que Monterrey fuese: “líder en la industria y los servicios de alta tecnología. Que fuese una ciudad que ofrezca alta calidad de vida a sus habitantes, con un ambiente donde se respetan y fortalecen los valores humanos trascendentes, y donde hay las condiciones propicias para que cada persona y cada organización logre su superación constante”. 

Imagine este sueño hecho realidad no sólo para nuestra área metropolitana, sino también para nuestro estado y para nuestro país, tendríamos un México extraordinario. 

Pero para lo cual es necesario, de acuerdo a la visión de los participantes en este estudio,  consolidar los siguientes factores clave para lograr tener ese gran sueño de nuestra comunidad regiomontana, aplicable a Nuevo León y a nuestro país:

1. Un Monterrey (un Nuevo León, un México) con un sistema educativo de vanguardia. 

2. Con una cultura de calidad y productividad de clase mundial.

3. Con un sistema político honesto y eficiente, promotor de la industria y servicios.

4. Con una fuerte base tecnológica empresarial.

5. Con una cultura empresarial moderna y dinámica.

6. Con una infraestructura de comunicaciones de primer mundo.

7. Con una infraestructura legal que propicie y proteja el desarrollo.

8. Con mejores relaciones con la Federación. 

9. Con una sociedad participativa y crítica.

10. Con contacto y apertura con el resto del mundo. 

11. Con una cultura definida y apegada a los valores del regiomontano. 

12. Con un desarrollo urbano que propicie el desarrollo integral de sus habitantes.

13. Con un medio ambiente físico que satisface las necesidades de los regiomontanos y se conserva para las generaciones futuras. 

14. Con una mayor participación y liderazgo a nivel nacional. 

15. Con servicios públicos eficientes y con servicios financieros de clase mundial.

Pero, ¿qué paso con ese gran sueño? Me temo que le pasó lo que a muchos planes en nuestro país: se publicó, se hicieron varios discursos y eventos al respecto, pero se añejó y se guardó en el viejo arcón de los recuerdos.

¿Qué fue lo que nos faltó? Para mí es claro que en todo proceso de cambio se requiere que el mero-mero tenga la clara intención de aterrizar ese sueño en acciones concretas para lograr el cambio deseado; que seleccione a las personas capaces de hacer que las cosas sucedan; que les asigne los recursos para implantar los cambios; y, sobre todo, que le dé seguimiento y que no quite el dedo del reglón hasta que todo esté terminado.

Si esto no ocurre, si el jefe o los jefes no tienen la intención de aterrizar el “sueño o el plan” en acciones concretas, entonces no vale la pena hacer tantos planes. 

Recuerden del dicho al hecho hay siempre un jefe con la intención de hacerlo. 

¿Pero entonces que debió de haber sucedido? —me pregunta mi correctora de estilo—. Además de los que ya mencione, añadiría: debe usar todos los canales disponibles de comunicación para trasmitir continuamente la necesidad del cambio deseado; debe eliminar las barreras que puedan impedir la implantación del cambio; debe asegurar que el cambio perdure, anclando los cambios en la cultura de la comunidad. 

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