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El mexicano y la muerteDomingo, 1 de Noviembre de 2015 00:46 a.m.
Decía Octavio Paz: “La indiferencia del mexicano ante la muerte, se nutre de su indiferencia ante la vida”. Opiniones como esta abundan y han creado la imagen de un mexicano al que la muerte “le pela los dientes”.

Este estereotipo se refleja también en canciones populares que pregonan que, para nosotros “la vida no vale nada” o en frases y refranes en los que, entre otras cosas,  decimos que  “si nacimos llorando, por qué no hemos de morirnos riendo”.

No sé tú, pero yo hasta ahora no he conocido un mexicano que al verse en peligro de muerte se ataque de la risa. Lo cierto es que a los mexicanos nos gusta la vida, la valoramos, nos duele perderla y la idea de nuestra muerte o la de nuestros seres queridos nos angustia.

Hay máscaras que se hacen con palabras para no dejar ver nuestros miedos. Es el caso de esas frases y refranes con los que jugamos con la muerte. Repasemos algunas de ellas:

Diría el valentón: “La muerte es flaca y no ha de poder conmigo”, “ A mí las calaveras me pelan los dientes”, “ ¡Ay muerte, no te me acerques, que estoy temblando de miedo!”, “ Si nací llorando, por qué no he de morirme riendo”, “Vámonos muriendo todos, que están enterrando de gorra”.

Diría el resignado: “Al fin que para morir nacimos”, “Velo y mortaja del cielo bajan”, “A quien Dios quiere para sí, poco tiempo lo tiene aquí”.

Diría el observador: “Al vivo todo le falta y al muerto todo le sobra”, “Mujeres juntas, sólo difuntas”, “Las penas no matan, pero ayudan a morir”, “Donde lloran, ahí está el muerto”, “ El muerto y el arrimado a los tres días apestan”.
Diría el filósofo de pueblo: “ De aquí a cien años, todos seremos pelones”, “ El que por su gusto muere hasta la muerte le sabe”, “Cuando estés muerto, todos dirán que fuiste bueno”, “Entre todos lo mataron y él solito se murió”, “El asno sólo en la muerte halla descanso”, “No es mala la muerte cuando se lleva a quien debe”, “Yerba mala nunca muere y si muere no hace falta”, “El sueño es una muerte chiquita”.

Ya que estamos en modo filosófico, aquí aprovecho para recordar a Antonio Plaza, y estos versos de angustiosa incertidumbre: ¿Qué es la muerte? No lo sé/ ¿La vida? No la comprendo/ ¿Qué soy? ¿Qué fui? ¿Qué seré?/ Misterio …siempre misterio/¡Maldita sea la razón!/ La razón no es luz, es fuego/ fuego que al quemar el cráneo/ vuelve ceniza el cabello/ ¡Feliz el que no razona!/ ¡Feliz quien vive creyendo!/ ¡Feliz, feliz quien disfruta/ la dulce quietud del sueño!/ Sin que mil ideas malditas/ al brotar en su cerebro/ se le aparezcan enfrente/ bajo la forma de espectros.

Diría el aferrado a la vida: “De tonto me muero este año”, “El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura”.

Diría el damnificado por la muerte:“ Me tocó cargar con el muerto”, “Muerto el perico, ¿para qué quiero la jaula?”, “ No me asusten con el petate del muerto”.

¿Y los intelectuales?

El materialista: “La muerte no es más que un accidente de la vida universal; la inmortalidad la han inventado los  hombres para consolarse de lo efímero de sus vidas”, Doctor Atl.

El machista: “No le tengo miedo a la muerte, porque es una mujer”. Emilio el indio Fernández.

El romántico: “Frente a la proximidad de la muerte, la necesidad de amar se acrecienta. Muero cada día. No hay nada nuevo en ello”.  José Luis Cuevas.

El hedonista: “Ido el placer ¿la muerte a quien aterra?”.  Ignacio Ramírez (El Nigromante).

¡Total! Para qué preocuparnos, si el encuentro personal con la muerte es imposible, como lo expresa esta antigua frase atribuida a Epicuro y después parafraseada por Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros ya no somos”.
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