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El merolicoDomingo, 10 de Septiembre de 2017 00:09 a.m.

Invocado por el bullicio de las plazas, aparece de la nada y con un trozo de tiza blanca pinta su raya y se apodera de un escenario que pretende ser circular. Sin mayor espera, lanza un torbellino de palabras domingueras que atrapa a cuanto transeúnte se acerca por curiosidad o casualidad. No hay cómo escaparse, así de fuerte es la tentación de ver cumplida la promesa eterna de que pronto aparecerá gurrumina o chumina, ese animal del demonio que se oculta en un raído saco de terciopelo rojo.

Mientras tanto, hay que esperar y atender al ofrecimiento de productos milagrosos que desaparecen reumas, cólicos, dolores de espalda, migrañas, estreñimiento y, claro, también ese desagradable sabor a centavo con el que a veces amanecemos.

Esta típica estampa mexicana corresponde al merolico, promotor de extraños remedios, autómata de martilleante voz que al principio molesta, pero que, misteriosamente, nos retiene formando dique contra la inundación de palabras que sale de su boca y con un simple “atrás de la raya que estoy trabajando”, nos mantiene en la frontera de su territorio.

Pero, ¿por qué los llamamos merolicos? Este mote es un mexicanismo cuyo origen se relaciona con un extravagante personaje europeo, al parecer suizo, que llegó a México en 1879. Se presentó como el Dr. Meraulyok. Su espesa barba, larga melena y ojos mefistofélicos, le daban un aspecto místico que bien aprovechó para convencer a propios y extraños de su poder para curar todo tipo de males, con un milagroso elixir al que llamaba “tónico de San Jacobo”. Además, a falta de dentistas, ofrecía extraer muelas sin dolor y sí… a él no le dolía nadita.

No obstante su gran fama, el tiempo lo pondría en su lugar y pasó a ser uno más de tantos charlatanes que han desfilado y siguen desfilando ante una sociedad hambrienta de milagros.

Dada la dificultad para pronunciar su supuesto apellido, el habla popular no se complicó la vida y así, el doctor Meraulyock pasó a ser el “doctor Merolico”. Un ingenioso juego de palabras, ya que “merolico” es palabra que ya se conocía en México como parte de una rima infantil que empezaba así: “Periquito merolico, quién te dio tan grande pico…”, relacionando así merolico con hablador, como los pericos y por lo tanto charlatán.

Una prueba de que la voz merolico ya se conocía en México, la encontramos en El Monitor Republicano, un diario que en su ejemplar del 9 de marzo de 1849, muchos años antes de que llegara a nuestro país el Dr. Meraulyock, publicó unos versos contra el general Santa-Anna. Aquí le comparto un fragmento:

“Los versos del merolico: Merolico, merolico /¿Quién te dio tan grande pico, / para que sea dictador / el héroe de San Jacinto? / Pobre general quijote / ya le ha dado la locura / delira por dictadura / porque cantó el tecolote. / Ya cayó como zapote / el vencedor de Tampico. / Ya otra vez no se hará rico / a costa de la nación / ya con la revolución / no jugará al merolico”.

El Dr. Merolico pronto se fue de México; luego se supo, por un periódico francés, que en 1909 terminó su errante vida. Pero como huella de su estancia en estas tierras, quedó que hoy llamemos “merolico” a cualquier parlero mercachifle callejero de quien se debe recelar, y también a todo individuo que habla y habla sin poner en sus palabras sustancia de verdad. 

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