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El don y la doñaDomingo, 4 de Diciembre de 2016 01:17 a.m.

Para referirse a papá y mamá, los chavos suelen decir “los jefes”. Se quejan de que su jefa los obliga a recoger su cuarto y de que su jefe no los dejó ir a un baile. No está mal el uso de estas palabras, después de todo es una forma de reconocer que en casa, el don y la doña son quienes le marcan el paso al resto de la familia o al menos eso es lo esperado. Esta reflexión nos invita a conocer algunas huellas que en el lenguaje ha dejado este antiguo rasgo cultural… ¿Me acompañan?

Dicen los estudiosos del lenguaje que, hará unos 8,000 años, en una zona de lo que hoy es Turquía se estableció un pueblo cuyo hablar dio origen a una amplia familia de lenguas llamadas indoeuropeas, porque se extendieron tanto en Europa como en Asia. Una de las palabras primigenias que tenían era *dem, que encerraba el concepto de ‘tejado, casa’ y es justo esta voz la piedra sobre la que se construirá nuestra historia.

De esa raíz *dem, en latín surgió la voz domus, conservando el significado de ‘casa’, aunque en Roma estos domus no eran cualquier casa, se trataba de edificaciones que habitaban los grandes señores con sus respectivas familias. Es de anotar que para ellos la familia incluía, además de los parientes, a toda la servidumbre e incluso los esclavos, así que ya se imaginarán el tamaño de la “casita”. Es también relevante que la palabra familia tenga origen en famulus ‘esclavo, sirviente’, esto da una idea de lo que la familia representaba para el señorón.

Por ser los jefes del domus, a los grandes señores en Roma se los llamó dominus, y de ahí derivaron voces que guardaron el concepto de poder de estos individuos, como dominio y dominar “tener control”; predominio “tener poder, superioridad”; domar “someter, amansar, hacer dócil a un animal”. Otra es domeñar, voz poco conocida que encierra los mismos conceptos “someter, rendir”.

Con el tiempo la palabra dominus se fue modificando hasta dar origen al “don” que en castellano anteponemos al nombre con sentido reverencial (don Ramón, don Pedro, etc.). Del mismo origen es la palabra dueño, otra corrupción de dominus, pero esta palabra enfatiza el sentido de poseer, por las buenas o por las malas, como se percibe en el verbo “adueñarse”.

También, a las principales mujeres del domus se les concedía participar en el ejercicio del poder, y a ellas las llamaban dominas. De ahí en castellano nos quedó el doña que hoy aplicamos a las señoras mayores (doña Chole, doña Panchita) y las dueñas, que son propietarias de bienes y voluntades.

Otras voces femeninas que derivaron de domina y que conservaron el concepto de alcurnia son: dama, damisela (del francés dameisele “señorita”) y doncella, que comúnmente se aplica a una muchacha virgen.

En otro contexto, la palabra latina domus “casa” se manifiesta en las palabras domicilio “lugar donde está la casa”; mayordomo, el sirviente principal del domus; doméstico “lo que es propio de la casa” y domesticar “amansar un animal para que pueda habitar en casa”. A tiempos más primitivos nos lleva la voz domo, que puede ser una cúpula o un artefacto transparente para colocar en el techo, evocando el primigenio significado de “techado”. Otra muy singular es duende, “dueño de la casa”.

También es interesante que la antigua palabra *dem “casa”, en griego dio la voz despotea “señor de la casa”, que como el dominus romano, ejercía poder y dominio en la familia, con modos no muy buenos, porque por algo de ahí nos quedó la voz déspota.

Cabe también decir que al séptimo día de la semana los romanos lo llamaban solis dies (día del sol), pero con la llegada del cristianismo, el sol tuvo que ceder su lugar al Señor y entonces se dijo dominus dies, de ahí ha quedado que hoy pueda despedirme de ustedes deseándoles un feliz domingo.


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