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El desdoro del herreroDomingo, 1 de Mayo de 2016 00:54 a.m.
No parece lógico, pero hay maestros de música cuyos hijos no conocen ni siquiera los nombres de las notas musicales; también hay mecánicos automotrices que son dueños de autos que parecen cafeteras rodantes y piden a gritos una manita de gato; no faltan tampoco los psicólogos cuyo hogar es una verdadera casa de locos ni es raro que en casa de los carpinteros haya muebles en eterna espera de reparación.

Aunque este mal se da en todos los oficios y profesiones, es curioso que, desde tiempos antiguos, son los herreros quienes han cargado con el nada honroso papel de representar a quienes no usan para beneficio propio, el arte y conocimiento con que sirven a otros. Desde hace siglos, por todos los rincones del mundo hispano, corre el chisme de que ‘‘en casa del herrero, cuchillo de palo’’.

Ahora que, sería bueno nombrar a una comisión para que visite la casa del herrero y, de una vez por todas, nos digan cuál es el artefacto de palo que hay ahí. Es que, hay quienes dicen que es un cuchillo, otros que una cuchara o cucharón, unos más que es un asador, pero también se asegura que es un azadón. Sabrá Dios, pero lo cierto es que hay algo en la casa del herrero que no va acorde con su oficio y que le ha valido tal desdoro.

Vamos a la historia: En 1454, el Marqués de Santillana escribió Refranes Que Dicen Las Viejas Tras el Fuego y uno de los que cita dice: ‘‘En casa del herrero cuchillo mangorrero’’ (sic). Según el Diccionario de Autoridades, mangorrero se decía de ‘‘lo que anda entre las manos, inútil y de poca estimación’’. Entonces, un cuchillo mangorrero era uno que por mal forjado y desafilado resultaba inútil, algo ridículo, tomando en cuenta que si algo saben hacer los herreros, es afilar herramientas.

Poco después, en 1549, Hernán Núñez escribió Refranes o Proverbios en Romance y uno de ellos reza: ‘‘En casa del herrero, peor apero’’. Aquí, apero es el conjunto de herramientas para la labranza o para cualquier otro trabajo. La explicación de este dicho la encontramos en el Diccionario de Autoridades: ‘‘Refrán que se aplica a los desaliñados y flojos, que pudiendo aprovecharse y valerse de lo que tienen a la mano con comodidad, no cuidan de ello. Como sucede a los herreros de los lugares, que aderezando las rejas y herrajes de los otros, tienen las suyas descompuestas y con desaliño’’.

Como del árbol caído todos hacen leña, en la casa del herrero empezaron a aparecer toda suerte de herramientas mangorreras. Del maestro Gonzalo Correas, que en 1627 escribió Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales, conocemos otras variantes que se usaron: ‘‘En casa del herrero, asador de madero’’; ‘‘En casa del herrero, el cuchillo de madero’’ y ‘‘En casa del herrero, badil de madero’’ (El badil, es una paleta de hierro, para mover y recoger las brasas en las chimeneas y braseros).

Después, con tal de seguirle tupiendo a este pobre artesano, ya sin cuidar la rima se acomodaron los dichos a como hoy los conocemos. De 1758, en un texto de José Francisco de Isla, se lee: ‘‘Y en verdá que, como oliera, yo mismo la enseñaría a usté el camino; que ya le sé por mi oficio, y no se ha de decir por mí que en casa del herrero, cuchillo de palo’’.

Vista así la historia, no debe extrañarnos que ahora, en casa del herrero encontremos cucharas, cucharones, badiles, cuchillos, azadones y hasta asadores, todos ellos de palo. Quien ha de estar muy contento con tan buen cliente, es el carpintero. Aunque él, en su casa, no pueda sentarse a la mesa por estar en espera de unas sillas metálicas que le está haciendo el herrero.
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