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El color de la alegría Por: P. Alejandro Ortega Trillo Alejandro Ortega TrilloLunes, 14 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

En cierta etapa del Adviento, la Iglesia católica deja el color morado y se viste de rosa; así expresa su alegría ante la inminencia de la Navidad. 

El rosa no es un color primario —como el rojo, el azul y el amarillo— sino que se obtiene combinando el rojo con el blanco. Análogamente, la alegría no es un sentimiento primario, sino que brota al combinar al menos dos virtudes de orden humano y espiritual.

Pero antes debemos aclarar que una cosa es "la alegría color de rosa" y otra es "el color rosa de la alegría". La primera suele ser superficial y pasajera, producto de circunstancias favorables; la segunda, en cambio, es más profunda, austera y compatible con cualquier circunstancia.

Para obtener el rosa necesitamos, en primer lugar, un color intenso y provocador, que desde siempre ha evocado el amor: el rojo. También la alegría necesita como primer elemento la exigente intensidad del amor. Me lo dijo una vez un hombre que se profesaba agnóstico, pero que vivía muy bien la caridad: "Soy tan egoísta que ya me di cuenta de que sólo ayudando a los demás puedo ser feliz". 

En esta misma línea, la prestigiosa revista de negocios Forbes publicó hace algunos años una investigación de la Universidad de Chicago sobre los profesionales más felices de la sociedad norteamericana. Quizá no sea de extrañar que los sacerdotes, juntamente con los bomberos y otros profesionales de alto componente altruista, ocuparan los puestos más altos en la tabla. 

El segundo ingrediente del color rosa es el blanco, símbolo universal de la paz. Así también, la alegría requiere paz; esa "tranquilidad del orden" –como la definió san Agustín– en nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos y con nuestro entorno. Y es tan indispensable este ingrediente que un billonario llegó a decir: "Daría toda mi fortuna por un minuto de verdadera y profunda paz". 

"Amor y paz" no es sólo el célebre eslogan del movimiento hippie de los años 60, sino la combinación más sabia que la experiencia humana ha podido amasar en su búsqueda de la felicidad.

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