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El año nuevo y la agenda pública Por: Moisés Lopéz Cantú SystemáticaMiércoles, 20 de Enero de 2021 00:00 a.m.

Del año viejo sólo mencionaré la palabra que lo define, sin pesimismo, pero con mucho realismo: pérdida. Todos, de una forma u otra, perdimos algo: dinero, trabajo, salud, amigos, familia, vacaciones, expectativas... hasta la "normalidad".

Del año nuevo diré que lo define la incertidumbre, la minusvalía y la "fatiga pandémica", pero que, en medio de eso, nuestras acciones tendrían que determinarse por la esperanza, la empatía y el bien común.

Pero ¿cómo bajar esos buenos deseos a nivel de cancha, al terreno de lo pragmático? Aterrizando, ubicándonos en esta persistente y dura realidad. Si, ese es el camino, hay que "aterrizar" y aceptar que no todo lo que éramos o hacíamos era lo mejor para nosotros, para nuestras familias y para nuestra ciudad. Hay que "aterrizar" y aceptar que la vida no volverá a ser como antes, no hay "nueva" normalidad, lo que tenemos y tendremos por un buen tiempo, son las secuelas, los asientos, la realidad expuesta de eso que llamábamos "normalidad".

En temas de ciudad esto es extraordinariamente relevante, la pandemia nos enseñó que grandes obras y mucho concreto no es sinónimo de resiliencia, no es sinónimo de salud y menos de convivencia y empatía. Vamos ni siquiera somos capaces de generar sana distancia en las calles, ni en los grandes parques públicos y, menos, en el transporte público.

La pandemia nos enseñó que eso que hemos hecho por siglos, especialmente los últimos 50 años, no es una ciudad, son sólo grandes calles, muchos puentes, gigantescas edificaciones (algunas extraordinariamente bellas), pero no, no es una ciudad capaz de adaptarse y contenernos de forma saludables.

Necesitamos reinventar ese lugar que habitamos y vivimos, necesitamos reformular la manera en que construimos la parte física de la ciudad y la manera en que se conecta y convive con lo natural, crear espacios de encuentro, espacios en donde los afectos y la empatía crezcan, espacios que nos llenen de orgullo, pero no por lo físico, si no por la alegría de ver unos por otros, de escucharse y construir juntos una comunidad. 

Las campañas políticas por iniciar nos ofrecen un increíble escaparate y sus actores tendrían que saber que nosotros sabemos que no hay, ni habrá, dinero; no nos interesan las obras gigantescas de baja eficiencia o poco contenido social. Pero sobre todo, tienen que saber que nosotros sabemos que el modelo de ciudad que nos han "vendido" no funciona, no sirve, no es resiliente y no nos ofrece ninguna garantía de salud o seguridad.

¿Cuáles son los retos en la ciudad para los siguientes años? El transporte público, el espacio público y la calidad del aire. Décadas de grandes inversiones nos han dejado una ciudad dispersa, desconectada y distante, donde el tiempo medio de viaje supera ya los 60 minutos y la seguridad vial y la contaminación se han convertido en "negras" marcas para nuestras vidas.

La ciudad (resiliencia, orgullo, pertenencia y empatía) no se construye con concreto y los retos no se resuelven con "balas de plata". Si queremos sana distancia, menores tiempos de viaje y más espacios de encuentro y convivencia tenemos que ampliar banquetas, crear más parques, chulear los que ya existen y conectarlos con la naturaleza. 

En transporte público, municipios y estado tendrán que trabajar juntos y ser creativos, las "soluciones" del siglo pasado no sirven y restablecer el tamaño de la flota de autobuses, cuando menos a su máximo histórico, podría costará $10 o $15,000 millones de pesos. Pero hay manera de reducir ese costo, hacer eficiente lo que tenemos y generar círculos virtuosos: carriles exclusivos para transporte público, un sistema de bicicletas públicas, banquetas más anchas, cómodas y seguras, nuevos servicios integrados, mucha información para los usuarios, y si la demanda lo requiere, nuevas infraestructuras especializadas.

¿Es posible? Si, pero no son sopas instantáneas, necesitan esfuerzos coordinados y consistentes en el tiempo, mucha transparencia, mucha rendición de cuentas, creatividad y mucha confianza.

No más de lo mismo.

Feliz año. Resistan, que la pandemia y las crisis sobrepuestas sirvan para sacar lo mejor de nosotros.

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