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El año de Kafka Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 7 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Una persona que goza de todo mi aprecio me preguntó por Kafka, así, a quemarropa, sin piedad. Confieso que me quedé helado. Como era el atardecer del primer día del año, el efecto dramático se intensificó a niveles alucinantes. Una duda asaltó mi conciencia, ¿y si este es el año de Kafka?

Debo prevenir al lector, cuando uno intenta hablar de un gran autor es muy probable que no llegue, que no llegue a nada, que se quede a medias, derrotado, en un fracaso intelectual que arderá en la mente durante años, décadas quizá; sin embargo, es un lindo fracaso. Ni siquiera los pensadores más comprometidos están dispuestos a acompañar a estas mentes privilegiadas y atormentadas hasta el fondo de su recorrido. Acompañar a un Camus, a un Kafka, a un Borges, a un Sade, a una Simone de Beauvoir es someternos a una asfixia existencial que, sin embargo, proporciona momentos de verdadera belleza y lucidez que no se encuentran en ningún otro sitio. Si leemos no es simplemente por un deseo de regocijarnos en las letras, leemos porque tenemos voluntad de crisis, de perseverar en las crisis, de apreciarlas en lo profundo de su mensaje incontrolable. Por esto me llamó la atención la pregunta por Kafka, ¿por qué laberintos insondables estará atravesando esa alma para querer entablar un diálogo con uno de los autores más incandescentes y devastadores en la historia de la humanidad?

Acercarse a Kafka es un punto de no retorno, es decir que, si de verdad lo leemos, nuestra realidad quedará trastornada quizá para siempre. La ignorancia es tan noble con la mirada que mucha gente la prefiere, no saber para ser feliz. Esa felicidad de la ignorancia es de todo menos verdadera, la felicidad de la ignorancia es una forma de suicidio de baja intensidad que lo primero que mata es a las neuronas. Se recomienda sólo para gente muy cobarde. Leer es el primer paso para inducirnos valentía, y eso es lo que significa leer a Kafka, la posibilidad real de la valentía ante un mundo que se viene encima. Si esto que digo es cierto, entonces viviremos a continuación el año de Kafka, un año en el que una realidad incomprensible y demoledora se viene con toda su potencia. En obras tan tremendas como El Castillo, o en cuentos como Ante la ley o El Buitre, asistimos a una fragmentación de nuestra humanidad por entes que no podemos calcular. También asistimos a la imposibilidad de la pertenencia, por más esfuerzo que hagamos nos esta vedado el derecho a comprender. Sus personajes desean comprender, involucrarse con el mundo, hacerlo suyo, pero es del todo imposible. No hay piso, no hay pistas, o si las hay se reconfiguran y cambian y nos son ajenas cuando creíamos que por fin habíamos entendido algo. Esto aparece como una repetición mágica en toda su obra. Esa genialidad es irrepetible, no habrá otro Kafka, o quizá habrá millones de Kafka por ahí como tú y yo derivándonos en una realidad que nos elude.

Extrañamente, y como bien menciona Borges, su estilo es sencillo. Es decir, Kafka logra el gran estilo: expresar cosas muy profundas con palabras muy sencillas. Generalmente escribimos al revés, utilizamos palabras complejas para decir cosas muy sencillas. Kafka no, Kafka te condena en el mundo, crucifica el espíritu del tiempo mientras su prosa se esmera en la libertad de lo sencillo. 

Deseo que tengamos la valentía suficiente para leer a Kafka. Quizá, de cualquier manera, el espejo diario repita su imagen en nosotros. El año de Kafka nos espera. 

Instagram: @samuelrodriguezdiciembre

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