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EDUCAR... Por: Jaime Claudio Pérez García Ruta de ColisiónMiércoles, 23 de Diciembre de 2020 10:58 a.m.

Cuestionable la afirmación de que en fines de semana o días festivos no se debe trabajar. El talento y el talante no se rigen por fechas y horarios, y si  te apasiona algo y te despierta una idea de madrugada, te levantas y lo escribes o lo grabas. Las musas no tienen horario, es difícil poner fronteras a los momentos del día o a los días de la semana. Las cosas surgen y se aparecen sin pedir permiso. Habrá algunos para los que su trabajo sea muy demandante y absorbente, ahí  sí se entienden los horarios.

Un ideal como tal es algo casi inalcanzable, por eso se llama ideal, pero al cumplirse llegan el triunfo y el compromiso, pues nada vale haberlo logrado, lo difícil es hacerlo operativo y funcional, al entender que es  más satisfactorio apoyar a alguien que recibir el apoyo de alguien, ya que de la ambigüedad puede surgir la claridad.

Algunos jóvenes no entienden que para lograr algo se requiere esfuerzo y  dedicación, no valoran la paciencia y la preparación, solo aparentan avances con mínimo esfuerzo y un éxito inmerecido. Quien no quiere pensar es un fanático, quien no se atreve a pensar es un cobarde, y quien no sabe pensar es un idiota. Es importante encontrar a quien te inspire, ya que a veces el maestro al enseñar, aprende más que el propio alumno. El conocimiento no se desgasta ni se devalúa, nos mantiene activos y genera riqueza, y el esfuerzo y la persistencia cuentan más que el talento. ¿Cuánto se pierde en el ensayo, en la prueba y el error?  Y al surgir la audacia y valentía necesarias para enfrentar un problema o un desafío, que al resolverse puede ser una evolución  y un logro. Pero en la última revisión debe haber un límite pues  lo que se revisa en exceso puede quedar más limpio que un hueso.

El actual poder político de los  populistas nos muestra la baja calidad del nivel educativo ¿En qué momento se perdió la vergüenza? Hoy impera el cinismo y las mentiras compulsivas que al repetirlas acaban creyéndolas, disfrazan fracasos como logros inexistentes, viviendo una fantasía irresponsable como desviación de la personalidad, en la que cuando pierden hay trampa y cuando ganan es legal. No se vale asegurar algo si no es posible comprobarlo.

La cultura del WhatsApp en la que además de ser una útil herramienta de trabajo, aparecen variopintos personajes: hay el proveedor incansable, ameno y generoso que responde y agradece; el animador jocoso y pícaro que envía chistes y bellas chicas; el académico serio e informado que muestra realidades políticas y sociales; el devoto y religioso que inspira difundiendo pensamientos positivos; y el silencioso del que no sabes nada. Y hay quienes son una mezcla de los anteriores. Lo interesante del caso es la forma en cómo se arman las relaciones y las maneras de comunicarse, que son un reflejo de la personalidad de cada quien.

Hay quienes prefieren leer noticias en su teléfono –los jóvenes principalmente– pero se pierde mucho pues se ve muy fragmentado y pequeño, mientras que al hojear un periódico de papel, de un vistazo ves 20 noticias, ordenadas por importancia y contenido, eliges algunas, las lees al vuelo y pasas a la siguiente página. Además un diario es más social, lo compartes con alguien dialogas y comentas, no estás ahí solitario rascando tu pantallita con el dedo. Aunque es válido usar ambas formas de lectura.

"En la bondad se encierran todos los géneros de la sabiduría" Ernesto Sabato


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